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Santísima Trinidad. Ciclo A
Barcelona, ​​15 de junio de 2014

No queremos vivir la fiesta de la Trinidad apartando la mirada del mundo.
No podemos estar alegres y celebrar la fiesta de Dios olvidando sus hijos y sus hijas
– torturados
– aterrorizados
– violados
– y degradados de mil maneras.

Necesitamos creer en Dios Padre de todos los pueblos y religiones, fuerza creadora que nos quiere bien a todos. Roca firme y sólida donde arraigó con confianza y sin temor en estos tiempos inseguros y brutales.

Necesitamos creer en Jesús, Hijo de Dios y hermano nuestro, que nos dignifica y nos salva. En Él descubrimos la fisonomía y el corazón de Dios. En Él sentimos Dios muy cerca, torturado y crucificado junto a tantos otros.
A Él nos queremos aferrar en este tiempo de confusión en el que se nos quiere engañar de tantas maneras.

Necesitamos creer en el Espíritu transformador de Dios que no abandona nunca a ninguna persona humana. Dador de vida y defensor de todos los pobres en estos tiempos indefensos y desvalidos. Necesitamos su apoyo para no caer en la desesperanza.

Queremos amar Dios Padre amando la vida y luchando a favor de sus criaturas.
Es mejor construir que destruir.
Es mejor hacer el bien que perjudicar.
Es mejor la paz que la guerra.
Es mejor acoger que rechazar.
Es mejor besar que escupir.
Es mejor ser que no ser.

Necesitamos creer en Jesús, Hijo de Dios encarnado, defendiendo su proyecto de vida.
Jesús lo llamaba el "Reino de Dios y su justicia".
Un proyecto tantas veces
– olvidado
– traicionado
– desfigurado
– trivializado
– y prostituido por que nos llamamos la Iglesia de Jesús.

Queremos acoger al Espíritu Santo de Dios para mantener siempre nuestra resistencia ante los dueños perversos del mundo.
Queremos pensar, sentir y actuar contra sus proyectos de muerte y menosprecio de los pequeños y despreciados.
No nos podemos imaginar otra manera de vivir que amando a Dios y desviviéndonos por nuestro prójimo.