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Basta ver lo que ocurre en un grupo de amigos o en un taller de risoterapia. Una persona empieza a reír sin motivo aparente. Su carcajada, poco a poco, intensifica su sonoridad. En el rostro de las que la rodean, se dibujan rasgos de extrañeza. Incluso desaprobación. De manera casi imperceptible, inician una tímida sonrisa, que gradualmente con el paso de los minutos llega a transformarse en carcajada colectiva. Al final, todos ríen sin parar hasta las lágrimas. Nadie conoce el motivo, pero el resultado está a la vista. 

 
Esta técnica de contagio está siendo utilizada por el gobierno del Estado, por las élites, por los emporios mediáticos y por la casta para desacreditar el llamado proceso catalán. Sus características de nitidez democrática y de pacifismo irrenunciable desconciertan a sus contrarios. Hace años, el argumento para desactivar las aspiraciones vascas consistía en afirmar que nunca podrían ser atendidas en un clima de terrorismo. Ahora, en la situación catalana sin atisbos de violencia, se niega el mínimo diálogo. La argumentación tradicional no sirve, pero hay que recuperarla a cualquier precio. Las dos últimas celebraciones de la Diada, a la luz de lemas independentistas, fueron multitudinarias y festivas. Sin el mínimo incidente. La vía catalana, pese a la gran complejidad de organización, resultó impecable. 
 
¿Cómo detener el proceso? ¿Cómo desprestigiarlo? La estrategia elegida no admite dudas. Su objetivo: inocular violencia mediante el método del contagio. Un repaso a la hemeroteca de estos últimos meses da muestras suficientes. Se afirma que en Cataluña, las familias no pueden comer juntas en Navidad porque la política las divide, que existe un clima de tensión emocional entre los mismos catalanes que, inevitablemente, lesiona la convivencia, que la sociedad está fragmentada, que el referéndum independentista catalán sigue la misma estrategia que la banda terrorista ETA, porque ambos son «estrategias de destrucción» del pacto de convivencia que supone la Constitución, que un bofetón de procedencia misteriosa se transforma en un misil contra la línea de flotación de la consulta... Se observa que un incidente cualquiera se convierte en categoría sin atenuantes. Estos botones de muestra son suficientes.
 
El relato de lo que no existe pretende convertirse en realidad. La distorsión y mentira al servicio de la política. Generar violencia a fuerza de decir que hay violencia. La técnica del contagio. Se trata de manchar los planteamientos democráticos calificándolos de terroristas y nazis. Inocular violencia es muy peligroso. Si a alguien se le va la mano, puede llegarse a la sangre. De un modo u otro, creen que sería el fin de las aspiraciones secesionistas. Un modo simplista de sopesar los acontecimientos. La provocación puede venir desde fuera, pero sería ingenuo caer en ella. En cualquier caso, se consideraría un objetivo cumplido.