Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

El significado de analfabetismo, tradicionalmente, ha apuntado a no saber leer ni escribir. En una segunda acepción, se refiere a ser profano en alguna disciplina. Hay personas mayores que leen gruesos libros, pero que son incapaces de moverse por el mundo digital. Podríamos decir que son analfabetos digitales. Cuando una persona tiene una gran responsabilidad en la sociedad, su incapacidad de leer y comprender algunos temas puede generar pésimas consecuencias en el colectivo. No saber interpretar los signos de los tiempos provoca que se vaya a remolque de ellos.
 
Pienso en dos presidentes del Gobierno español. El anterior y el actual. Zapatero y Rajoy. De signos políticos distintos. 
 
Zapatero no supo leer los signos de la economía. Suplió con su entusiasmo y su talante la ignorancia de estos temas. Llegó a afirmar en 2007 que «España participa en la Champions League de las economías mundiales», un torneo en el que España es «la que más partidos gana, la que más goles ha metido y la menos goleada». Cuando pintaban bastos, sustituyó la palabra crisis por desaceleración económica. Bastan estos dos botones de muestra para advertir que un gobernante que piensa de este modo no podrá tomar las medidas adecuadas, que es lo que ocurrió. Analfabetismo económico. Las consecuencias sociales han sido nefastas. Las clases populares han sido durísimamente castigadas porque no se supo prever a tiempo la catástrofe. Fallaron los sensores y el tsumani se nos llevó por delante.
 
Rajoy no sabe leer los signos de la política. Posó triunfante en 2006 ante las cámaras exhibiendo las 876 cajas que contenían, se dice, cuatro millones de firmas contra el Estatuto de Cataluña. No hizo lo mismo con redactados que otras autonomías copiaron del Estatuto catalán, que era un intento de replantear la situación de Cataluña dentro de España. Junto con Soraya Sáenz de Santamaría, lo boicoteó por temas electorales. Pensó sólo en sembrar sus intereses. Ahora está recogiendo un creciente independentismo, del que es un causante directo. No el único, pero su responsabilidad es insoslayable. Cuando un pueblo no tiene un marco adecuado de convivencia y desarrollo, busca otro. Rajoy piensa, como en su partido, que todo lo resuelve la cúpula. Pero no lee bien. El independentismo está instalado en la sociedad catalana. Rajoy va a remolque. No lidera. El 8 de abril, demostró en el Congreso un preocupante analfabetismo sobre Cataluña, pintando una situación del todo irreal. Se refugia en la Constitución, olvidando que las leyes en democracia son la expresión de ésta y no su cárcel. Su analfabetismo político puede tener consecuencias imprevisibles.
 
Las comunidades cristianas, en la oración de los fieles, rezan por los gobernantes políticos, tentados a menudo para servir más a su partido que al bien común. Es imprescindible orar para que el Espíritu les conceda el don de saber leer e interpretar los signos de los tiempos en bien de la sociedad, especialmente de los pobres y excluidos.