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Ya me perdonarán que me remonte de nuevo a 1966. Fue cuando Pablo VI recibió al abad Brasó de Montserrat y el papa le mostró su sorpresa por las protestas que había generado el nombramiento de Marcelo González como arzobispo de Barcelona. Pablo VI le dijo que estaba muy dolido porque él amaba mucho Barcelona y le habían asegurado que Don Marcelo era el mejor de todos los candidatos posibles. Pues esto es lo que podría repetirse 50 años después con el cardenal Antonio Cañizares en Barcelona. Es la posibilidad de la que informa este viernes el siempre bien informado Enric Juliana en la portada de La Vanguardia. No es una noticia más de las que el quien lo escribe se lo inventa.

Pero tres cosas. Lo primero que hay que ver es si realmente el Papa valora esta opción. En cualquier caso, lo que es seguro es que es la opción por la que trabaja sin descanso la embajada española en la Santa Sede, que como es bien sabido, también trabaja para estas cosas . Por lo tanto, aquí lo importante no es que Cañizares sea un candidato, sino si la información que llega al papa Francisco le convence que es el candidato. O si le hacen ver que enviar Cañizares (que ni siquiera habla catalán) a Barcelona sería visto como una ofensiva contra el perfil propio de la Iglesia en Cataluña. 

Segunda cosa. Lo que pasa con Cañizares es que es el único Prefecto que queda para confirmar o relevar del pontificado de Benedicto XVI. Algo se debe hacer com él si el papa quiere relevarlo como prefecto. Ahora bien, todo esto es analizado con los parámetros de promoción eclesiástica habitual. Y ya hemos visto que Francisco hace un caso relativo, de estos parámetros. Por ejemplo, con estos criterios Parolin no sería hoy secretario de Estado.

Por lo tanto, lo más probable es que en Barcelona o Madrid no vaya el obispo que "toca" sino el obispo que crea Francisco (a partir de la información que tenga) que más conviene para impulsar la línea renovadora y social de su pontificado.

Y de ahí se desprende la tercera cosa. La más importante. El problema de Cañizares en Barcelona no sería sólo que sería un obispo que no sintonizaría (y probablemente sería incapaz de comprender) el momento que vive la sociedad catalana. Y no sólo a nivel político. Esto por sí solo ya es un argumento de peso. Pero el problema principal es que en Cataluña se daría por finalizada la esperanza de renovación y conversión eclesial que promueve el papa Francisco. I nada aleja más a la gent de la Iglesia que esto. Creo.