Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

Ya me perdonarán que me centre en la parte más profana de una entrañable vigilia espiritual a la Virgen, pero se que quedó bien claro. Este sábado a noche, en la vigilia de Santa María de Montserrat. Como otros años, presidía el arzobispo metropolitano y primado Jaume Pujol, presidente de la Conferencia Episcopal Tarraconense. Y en medio de su exhortación sobre la dulzurade la Virgen y el estilo de Iglesia que pide el Papa Francisco, se dirigió directamente al padre abad para decirle: "Todos los fieles de las iglesias de Cataluña valoran y le agradecen su presencia en este monasterio y santuario, su fidelidad al país, su voluntad de acoger con amor a los peregrinos que suben esta montaña santa".

Después las amonestaciones que los últimos meses ha caído sobre el abad Josep Maria Soler por su posición sobre el derecho a decidir , se entendió que aquello no era sólo un saludo de cortesía. Era una manera de decir que quien toca Montserrat, también toca la Tarraconense.

Y, en su intervención posterior, el abad también se dirigió directamente al arzobispo de Tarragona por "agradecer las palabras que ha tenido dirigidas a la comunidad de Montserrat. Las agradecemos pero sobre todo nos alientan y nos urgen a ser más fieles a nuestra vocaciónde monjes, a servir a nuestro país ya acoger con un corazón generoso a todos los peregrinos que suben a venerar Santa María".

Curiosamente los dos destacaron textualmente los mismos tres ejes: la vocación monástica, el servicio al país y la acogida a todos. Un buen tríptico de Montserrat, en el que no tiene sentido una cosa sin la otra.

Y, aún en la homilía, el arzobispo Pujol añadió otro detalle significativo. Agradeció "el largo encuentro" que tuvieron con el papa Francisco el mes de marzo todos los obispos de Cataluña: "El nos escuchó, puedo aseguraros que nos sigue de cerca" y que "conoce muy bien los momentos que estamos viviendo, ruega por nosotros y nos anima de corazón a amar nuestra gente". Supongo también que "los momentos que estamos viviendo" no se referían sólo a la pastoral catequética. Un momento en que "en medio de las circunstancias que tengan que pasar, seremos promotores de paz, con los brazos bien abiertos, a comprender y a amar a todos". Como dijo el propio arzobispo al salir de la visita con el Papa "Al servicio del nuestro pueblo".

Debo decir, que nunca he encontrado motivos ni ganas para criticar el arzobispo Pujol. Y, este creo que ha sido un gesto digno del sucesor de Vidal i Barraquer. Que todavía tiene más valor teniendo en cuenta que históricamente también ha habido una cierta disfunción entre el protagonismo de Montserrat y el del episcopado como portavoces del pensamiento y el posicionament de la Iglesia en Cataluña. En cambio, esta buena sintonía pública entre Montserrat y el presidente de la Tarraconense que es un verdadero "win-win" para todos.