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La Iglesia católica despliega una amplia y diversificada actividad a través de un importante número de entidades. Según el interesantísimo y muy recomendable estudio de la Fundación Pere Tarrés, La acción social dentro de las entidades de Iglesia. Su papel en la cohesión social en Cataluña, sólo en el ámbito social, la cifra superaría el millar. La cantidad quedaría muy ampliada si sumamos otros sectores como el escolar, el hospitalario, el cultural, o el universitario.
 
Ciertamente las cifras pueden hablar por sí solas y, también, el rol o la incidencia de las entidades en cada área. Cabe hablar, asimismo, desde una perspectiva más global y cualitativa. Nos referimos a la importancia del prestigio de las entidades. El prestigio no es ninguna categoría teológica, ni bíblica, ni eclesiológica. Es, simplemente, una noción secular que muestra una alta estima, reputación y valoración por parte de la sociedad en general y del sector específico. Éste conlleva una aceptación, respeto y confianza que conduce a la entidad con prestigio a ser referente y modelo a imitar. El prestigio no aparece de la nada y es del todo positivo que la Iglesia tenga entidades de prestigio, como mínimo por tres razones. La primera, porque los beneficiarios son —primeramente— los propios destinatarios o usuarios de las entidades y a menudo nos tendremos que referir a niños, jóvenes, parados, enfermos, indigentes, etc. Y no siempre estos perfiles reciben servicios de prestigio. La segunda, porque las entidades de prestigio tienden a recibir diferentes tipos de apoyo —el voluntariado, las donaciones particulares o empresariales, el apoyo institucional, etc.— y por lo tanto, tienen garantías de continuidad y de crecimiento. La tercera, porque este prestigio supone la confirmación y reconocimiento de una presencia creativa, comprometida y testimonial de una determinada actividad de Iglesia.
 
Se consigue y se cultiva el prestigio cuando un proyecto tiene esencia y se mantiene durante una larga temporada actuando desde el rigor, la calidad y la coherencia. Cuando se tratan los temas económicos con transparencia y responsabilidad sin aplicar criterios discriminatorios. Cuando los trabajadores, colaboradores o voluntarios manifiestan una gran actitud de servicio sin renunciar a la profesionalidad. Cuando se buscan alianzas y se construye red. Un ejemplo claro y paradigmático de este prestigio es Cáritas diocesana de Barcelona, que conmemora su 70 aniversario. ¡Enhorabuena! 
 
Publicado en Catalunya Cristiana, núm. 1803, del 13 de abril de 2014, p.12