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Un párroco me cuenta que están a punto de poner en marcha un servicio de refuerzo escolar que, "en el fondo"-me dice-"servirá para alimentar un grupo de niños, con la excusa de la merienda" . Tanto en la parroquia como en la escuela más cercana (pública) han detectado casos dee clara desnutrición. Son niños de un barrio que las había pasado muy magros y que teme tener que volver. Ahora, con vecinos de todos los colores. Y religiones. Y la parroquia, como siempre, al pie del cañón.
 
 
Un veterano militante laicista me cuenta una anécdota. Hace unos años, el autor de un libro lo invitó a su presentación. La temática llenó la sala de cristianos de base, "y me alucinó que fueran más críticos que yo con una jerarquía, que siempre les da la lata", me comentaba. "Pensé que sólo se oyeran estas voces, sólo que conociéramos la tarea que hacen las entidades de Iglesia a las que pertenecen, seguro que esta saldría ganando; ¡qué imagen tan diferente!"
 
 
El Parlamento de Cataluña acogió a principios de febrero una sesión con motivo de la celebración de la Semana de la Armonía Interconfesional, organizada por el Grupo de Trabajo Estable de Religiones (GTER) en la que entidades católicas, protestantes y musulmanas explicar con ejemplos concretos qué están haciendo para reducir los efectos de la crisis. Impresionante. Por cierto, días más tarde, se anunciaba la próxima celebración de un pleno extraordinario de la cámara para tratar sobre el riesgo de malnutrición de 700 niños, a propuesta de la oposición.
 
 
Estos son tres flashes que me hacen pensar sobre la movilización de la Iglesia ante la crisis que vivimos a través de medidas concretas. Hacen falta medidas concretas, sí, y políticas, también. En las concretas y discretas, quien sabe si la Iglesia (y las religiones) es donde se la juegan, donde encuentran una de sus razones de ser, en pleno siglo XXI. En las políticas, nos la jugamos todos y no sólo "los políticos".
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Foto: Una imagen de la celebración del acto organizado por el Grupo de TrabajoEstable de Religiones en el Parlamento (Foto: Parlamento)
 
 
Nota:   Este es el primer artículo de mi colaboración en la revista Foc Nou , dentro del espacio de columnas 'En voz alta', que corresponde a febrero-marzo de 2014.