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A continuación publicamos una homilía de Navidad que ha preparado Josep Bofarull, rector de la Parroquia de San Juan Bautista, de Valls, y Episcopal del Alt Camp, Baix Penedès y el Tarragonès, que pone énfasis en la importante elección del papa Francisco y sus primeros pasos de pontificado.

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Dios ha enviado un hombre que se llama Francisco. Es un testigo. Ha venido a dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. Él mismo no es la luz . Ha venido sólo a dar testimonio.

En nuestra región, como también a otros de todo, viviendo al raso, en el gris del ir tirando y en la oscuridad de un futuro que parecía cerrado, guardando de noche un rebaño escaso y cansado, se nos ha aparecido un hombre de Dios. La gloria del Señor nos ha rodeado de luz y cuando hemos mirado sus ojos hemos notado que brillan como pequeñas estrellas. Su anuncio nos ha tocado el corazón . Sus palabras, explicadas por gestos de proximidad fraterna, las entiende todo el mundo. Escuchémosle

"El Evangelio nos invita siempre a correr el riesgo del encuentro con la cara del otro, con su presencia física que interpela, con su dolor y sus reclamos, con su alegría que contagia en un constante cuerpo a cuerpo. La verdadera fe en el Hijo de Dios hecho carne es inseparable del don de sí, de la pertenencia a la comunidad, del servicio, de la reconciliación conla carne de los otros. El Hijo de Dios, en su encarnación, nos invitó a la revolución de la ternura "   (La joya del Evangelio, 88)

Ahora ya sabemos el camino, del todo expedito. El riesgo no estáen el camino sino en el que encontraremos. Es sólo un niño en pañales y la Palabra poderosa y creadora del Padre. Es la mirada curiosa de un niño recién llegado ya la vez la interpelación del dolor inexplicable de tantos inocentes. Es el hijo en brazos de la madre María y también el reclamo la injusticia. El Su sonrisa nos desarma y su alegría nos encomienda.

Este hombre que Dios nos ha enviado, nos lleva directamente a Jesús por el camino más derecho y seguro, el del Evangelio. Lo conoce bastante, este camino, pero últimamente nos encantábamos demasiado en discursos y documentos, nos deteníamos en poyos de planteamientos y lamentaciones. Belén es cerca, si levanta la mirada verá que está muy cerca, nos dice el hombre de Dios. En cada hermano sufriente, desamparado está el Señor. Haz que tu sensibilidad para él se vuelva ternura, y ésta, solidaridad, y esta, amor en accion, y este, cuerpo a cuerpo para besar la heridas y curarlas con tu justicia, tu misericordia, tu perdón.

Esta es la fe verdadera en el Hijo de Dios hecho carne, viva en el don generoso de sí, alimentada en la pertenencia cordial a la comunidad servicio sacrificado y discreto, testimoniada en la reconciliación con la carne de los otros.

Qué alegría tan grande y tan expansivo el de esta Navidad, fiesta de la encarnación del Hijo de Dios, que nos invita, nuevamente, a la revolución de la ternura. Es que sólo si cambian los corazones el mundo se transforma. Las estructuras y las instituciones ya son viejas recién nacidas. Los corazones son permanentemente jóvenes si los mueve el amor, apasionados por hacer el bien, comprometidos en la construcción de la paz en la tierra de los hombres y mujeres queridos por Dios.

La Luz de esta Navidad, anunciada por el Papa Francisco, Nos invita a superar la sospecha, la desconfianza permanente, el temor a ser invadidos, las actitudes defensivas que nos impone el mundo actual. No tengamos miedo de acoger esta Luz: no ciega, sí ilumina y guía. Hiere el corazón y lo marca, porque nos hemos dejado tocar por la mano del Señor y la abrazamos en cada hermano y en él la adoramos. 

María y José, los pastores y los magos, todos nosotros, atraídos por la Luz de Navidad, seguiremos firmes el camino de la fidelidad y del compromiso. El primer tramo nos llevará a Candela. El segundo a la Pascua. El último la Vida. La Luz de Navidad entonces sí estallará en un Sol sin ocaso.

María, la madre, la hermana creyente, a nuestro lado porque aunque la Navidad apague las luces, ¡Ella nos encienda un amanecer!, Porque cada hebra de sembradoenciende, escila, una llama, la llama de tu confianza en el Dios Bueno, de la paz en tu interior, de la esperanza que da sentido a tu vida, hermano.