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Hoy os quiero hablar del personaje más importante de esta semana, me refiero a Nelson Mandela, que murió el viernes de la semana pasada -6 de diciembre- con más de 90 años de vida y de lucha. Después de toda una semana de capilla ardiente y de desfiles de su féretro por las calles de Pretoria y del gran Funeral de Estado que se celebró el pasado martes por la mañana en Johannesburgo, hoy domingo se celebrará -definitivamente- su entierro, con una ceremonia, también de Estado, en la población de Qunu, una localidad del sureste del país donde creció y donde él mismo había pedido que se le sepultara.

Pero, sobre todo, en este comentario de hoy, quisiera destacar la gran fiesta religiosa, multiconfesional y plurireligiosa, que ha representado esta gran despedida de Nelson Mandela, o de "Madiba", como se le conocía de una manera mucho más coloquial. Participaron todas las confesiones cristianas desde los metodistas hasta los católicos, pasando por los anglicanos, y desde los judíos hasta los musulmanes. Esto es lo que se pudo ver el pasado martes por la mañana en el estadio de la barriada de Soweto, en Johannesburgo, donde miles de personas, bajo una lluvia intensa, comenzaban la primera de las celebraciones oficiales. Fue una fiesta para nuestras iglesias cristianas, con cantos y danzas. Un encuentro ecuménico o un encuentro de las religiones, reconociendo una figura que -con mucha destreza- fue líder de la paz, la reconciliación y el perdón. Tal y como nos explicaban algunos cronistas: "Más que un funeral, Sudáfrica es una fiesta estos días. Los sudafricanos están demostrando que saben hacer de las desgracias y las penas cantos a la vida".

Protegida del agua que seguía cayendo por la visera del estadio, la multitud que ocupaba la parte superior de uno de los fondos cantaba y bailaba al unísono a medida que decenas de jefes de Estado y de Gobierno de todo el mundo llegaban al recinto para asistir al funeral. "Nelson Mandela, no hay otro como tú", entonaba la masa en zulú, convirtiendo las tribunas en una rítmica marea humana en recuerdo del padre de la Sudáfrica libre y multiétnica. Al final de todo, el arzobispo anglicano Desmond Tutu fue un gran maestro en el arte del espectáculo. Él, Premio Nobel de la Paz del año 1984 por ser un activista contra el apartheid, amigo de Nelson Mandela y con 81 años, en aquel acto volvió a dejar ver su vertiente de cómico y amenizador en una situación tan poco usual como en un funeral. Desmond Tutu es un personaje entrañable, querido por todas las religiones, con carisma, seguramente tapado por la gran figura del expresidente sudafricano. Amigos desde hace décadas, el prelado lideró un homenaje a Madiba y le salió un auténtico show, lleno de anécdotas divertidas que, en el fondo, le sirvieron para agrandar a Mandela.

El público presente ya estaba entregado antes de empezar, a pesar de llevar bajo la intensa lluvia más de cuatro horas con una veintena de discursos, pero las bromas de Tutu sobre el carácter generoso, cercano y nada vengativo Madiba emocionaron a todos. Entre las muchas anécdotas recordó que "ya siendo presidente, Mandela quiso tener un detalle con el pueblo afrikaner para predicar con el ejemplo que, a pesar de todo, no era momento de pasar cuentas sino de acercar posiciones con los viejos enemigos, y visitó Orania, un pequeño pueblo que no permite la residencia a nadie que no sea afrikaner (o lo que es lo mismo: cierra el paso a los negros). Madiba fue allí a tomar un te con la viuda del arquitecto del apartheid. ¿Para hacer qué? Es increíble, ¿verdad? Pero eso pasó aquí ", dijo Tutu.

También fue buena la reflexión de cómo Mandela pasó de estar en la lista negra de terroristas de EEUU hasta el 2008 a ser objeto de la devoción que ahora le profesan sus presidentes, hasta el punto de que la delegación estadounidense a los funerales contó con cuatro mandatarios del país: el actual presidente, Barack Obama, y -además- Jimmy Carter, Bill Clinton y George W. Bush. "Madiba fue un mago con una varita mágica que convirtió este país multirracial en la nación del arco iris, en una maravillosa mariposa", dijo Tutu, y bromeó diciendo que durante los "dos primeros meses" de su mandato "no hubo ningún crimen". Todo un hito en un país con unas altísimas tasas de violencia de todo tipo.

Por cierto, y no es ninguna broma, mientras el arzobispo Desmond Tutu decía estas palabras tan elogiosas del expresidente Mandela, unos ladrones entraron en la casa del pastor anglicano, en Ciudad del Cabo, y la vaciaron, literalmente, mientras los ladrones veían a su propietario que hablaba por la televisión. Una anécdota que Tutu recordará siempre.