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El prestigioso diario Le Monde recogía en su edición del 14 de noviembre de 1963 las declaraciones, certeras y explosivas, de Aureli M. Escarré, abad de Montserrat contra el franquismo. J. A. Novais, corresponsal del rotativo, firmaba la entrevista. El titular se dirigía a la línea de flotación: «El régimen español se dice cristiano, pero no obedece a los principios de base del cristianismo.» Hay que situar el contenido del artículo en su contexto histórico: el tardofranquismo en España y la renovación conciliar en la Iglesia. 
 
Escarré, que se autoproclamaba en la entrevista «sólo soy un monje», afirmaba en ella: «Allí donde no hay libertad auténtica, no hay justicia, y es lo que pasa en España», «no tenemos detrás nuestro 25 años de paz, sino 25 años de victoria», «el pueblo ha de escoger su gobierno y ha de poder cambiarlo si lo desea: eso es la libertad», «la falta de información es contraria a la doctrina de la Iglesia», «la lengua catalana parece representar un problema para el gobierno»… La encíclica Pacem in terris de Juan XXIIIl le sirvió de referente para afirmar que Cataluña corresponde a una de las minorías étnicas de las que habla la mencionada encíclica y recordar  que «el estado debe favorecer estas minorías y su vida cultural: el régimen dificulta la expresión de la cultura catalana» (…) «Cataluña es una nación». Su visión contempla a Cataluña en el seno de España, pero subrayando que «tenemos derecho a nuestra cultura, a nuestra historia y a nuestras costumbres», en resumen a la propia personalidad.
 
Han transcurrido 50 años. El pasado 20 de noviembre en el Palacio de la Generalitat se realizó un acto conmemoratiravo del 50 aniversario de estas declaraciones, en el que intervino el P. Josep M. Soler, actual abad de Montserrat. Realizó un recordatorio de su antecesor y reconoció algo que es fácil observar: «Las cosas han evolucionado, y hoy en día deseamos y proclamamos bastante más, porque la autoconciencia de los catalanes y la articulación de nuestra nación en el Estado actual han despertado la convicción de que entre los derechos humanos también está el de decidir nuestro futuro», sin olvidar que la «doctrina social de la Iglesia ha hecho nuevas aportaciones sobre el tema de las nacionalidades y sus derechos».
 
No obstante, quisiera subrayar dos puntos que diferencian estos dos momentos separados por 50 años de distancia. Primero, el abad Escarré afirmó: «En gran mayoría [los catalanes] no son separatistas.» Hoy las cosas han cambiado notablemente. Los que combaten la independencia harían bien en preguntarse por qué se ha llegado hasta aquí sin refugiarse en respuestas facilonas. Segundo, la asfixia lingüística… se hacía en nombre de la dictadura, coherente con el régimen. Hoy es peor, porque hacerlo en nombre de la democracia es corromper su esencia. Se intenta destruir la unidad lingüística con denominaciones incluso disparatadas, dificultar su proyección europea e impedir la inmersión lingüística. Y además hay otros muchos temas.