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Quisiera aportar algo de luz en el Evangelio del domingo XXXIII del tiempo ordinario, leído el 17 de noviembre 2013, un domingo antes de cerrarse el año litúrgico. Narra cosas que suceden en el siglo primero, como si fuera el final del cosmos (estilo apocalíptico).

Las "finales", que caen sobre la cabeza de todos como un fin del mundo, son dos acontecimientos históricos, que, al ser narrados como el final del mundo, pueden oscurecer el conjunto.

Estos dos eventos están muy ligados: la destrucción del Templo de Jerusalén, que los judíos contemplaban con deleite y del que Jesús dice que no quedará piedra sobre piedra y, en segundo lugar, la entrada de las legiones romanas en Jerusalén, el año setenta. El arco de Titus en Roma expresa el enteulsiada de Jerusalén y de toda Judea: una derrota que cayó sobre los israelitas como un fin del mundo: el sol se oscurecerá, habrá guerras y desgracias en abundancia, incluso los justos serán perseguidos.

¿Qué decir ante todo sobre este evangelio? Me parece que una cosa muy sencilla: que la destrucción del Templo no es exactamente el fin del mundo para el Nuevo Temploes Jesucristo. Lo mismo cabe decir de la invasión de Jerusalén por los paganos. A dónde va a parar esta derrota? A que los paganos se incorporan-en Cristo- el Pueblo Elegido y forman parte en Cristo del Israel de Dios. Es decir: el futuro no es la nada, el vacío del fin del mundo presente sino que todo va a parar al Cristo: el Señor Jesús que será todo en todos y en cada uno de nosotros.

Pero esta peculiar "fin del propio mundo" no es sólo la destrucción del Templo y la destrucción de Jerusalén. Estos hechos se actualizan en nuestro tiempo y en todos los tiempos. ¿En qué sentido? En el sentido de que estos hechos representan lo que el libro del Apocalipsis llama la "gran tribulación" ( Ap 7, 14).

El vidente del Apocalipsis vio una multitud que nadie podía contar, de toda lengua, raza y nación. Uno de los ancianos tomó la palabra y preguntó al vidente: "¿Quién son estos y de dónde vienen?" El vidente dijo al anciano: "estoò lo sabéis Vos ". Efectivamente, el anciano respondió: "Estos son los que vienen de la gran tribulación. Han lavado sus vestiduras en la sangre del Cordero y las han blanqueado ".

La gran tribulación son todos aquellos hechos históricos que nos caen encima como el fin del mundo. Pero no es el fin de todo sino un paso-d ifícil: como de muerte a vida-que nos conduce a Cristo. Podemos decir que "las mejores familias" son visitadas por estos hechos aniquiladora. Pero Dios les puede dar la vuelta y puede hacer que se conviertan en un paso de muerte a vida, el paso de la historia a la intimidad del amor infinito de Dios, paso que damos de la mano de Cristo, Maestro y Señor.

Mateo, en Capítulo 14, narra una gran tribulación que se convirtió en el apóstol Pedro: Jesús, el lago de Galilea, en medio de un fuerte vendaval ha caminado sobre las aguas, los discípulos s'Esglai y Él se acerca a la barca de los apóstoles. Entonces Pedro, como la cosa más natural del mundo, le dice al Maestro: " Si eres tú, mandad de que venga caminando sobre el agua ". "Ya puedes venir", le dice Jesús. Pedro "fue a Jesús". Pero al darse cuenta del viento, le entró miedo y comenzó a hundirse (he aquí la gran tribulación de Pedro). Entonces gritó: "Señor, sálvame". Al instante Jesús le dio la mano yle dijo: "Qué poca fe. ¿Por qué has dudado? ".

Es que no era lo más natural del mundo caminar sobre el agua. Había la fe inconmovible que no duda paso sino que confía en Dios.