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El Vaticano acogerá del 5 al 19 de octubre de 2014 el Sínodo extraordinario con el tema Los desafíos pastorales sobre la familia en el contexto de la evangelización, convocado por el papa Francisco. Un argumento tan vital como candente, tan polémico como crucial. Para favorecer su preparación, se ha enviado a los obispos un cuestionario que se ha publicado en diversos medios de comunicación. Se formulan numerosas preguntas concentradas en nueve grandes apartados: visión bíblica y magisterial sobre la familia, la ley natural, la pastoral familiar en el contexto de la evangelización, algunas situaciones matrimoniales difíciles, las uniones de personas del mismo sexo, la educación de los hijos en el seno de situaciones matrimoniales irregulares, la apertura de los esposos a la vida, la relación entre la familia y la persona, y otros desafíos y propuestas. Cada uno de estos apartados generales contiene preguntas concretas y precisas.
 
El diálogo y la reflexión no van a ser fáciles, pero resultan indispensables. El comportamiento moral tiene que fundamentarse en razones y la madurez del pueblo cristiano se alimenta de la fe en Cristo vivida desde el discernimiento. Éste es el clima. Ni todo cambiará ni todo seguirá igual. Veremos. No obstante, no hay que dejar secuestrar el debate teológico, antropológico, social… serio y profundo. Pongo un ejemplo: el preservativo. Hay que ir más allá de él. La moral sexual y la óptica eclesial sobre los distintos métodos de regulación de los nacimientos no pueden reducirse a preservativo sí y no. Una postura de este estilo puede servir para un titular de prensa, pero se prescinde de la reflexión, de la riqueza de valores y matices, que deben iluminar el discernimiento. Centrar el tema sobre el preservativo ha empobrecido enormemente la visión cristiana de la sexualidad y de la natalidad. ¿Qué es más importante, el uso del preservativo en una relación adúltera o la misma relación? Poner el foco en el preservativo impide iluminar el punto clave de la relación. Incluso, en algunos casos, el uso del preservativo sería moralmente considerado como un mal menor. ¿Es lo mismo utilizar el preservativo en una relación adúltera que en el seno de un matrimonio fiel y consolidado? ¿Puede entenderse en ese caso como un ejercicio de discernimiento al servicio de una paternidad y maternidad responsables? Los métodos naturales prevén relaciones desvinculadas de la fecundidad. ¿Esta desvinculación sería moralmente aceptable en el contexto de un matrimonio mediante el preservativo? ¿Qué diferencia existe? Si buscamos la verdad, todas las preguntas son posibles, pero la respuesta debe realizarse a la luz del Evangelio. Si los cristianos no entienden las razones de los comportamientos morales, aunque confíen en la gracia de Dios, tendrán menos fuerza para cumplirlos. 
 
Un Sínodo que no hay que desperdiciar en absoluto. Hay demasiadas cosas en juego.