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Todos sabíamos lo se iba a "montar" en torno a las beatificaciones masivas de los mártires en Tarragona. No quiero hablar ahora de si era adecuado o si era oportuno. Mi opinión me la reservo. Tampoco me gustó nada que el arzobispo de Tarragona prohibiera la participación de Teresa Forcades en una charla que debía dar. No me gustan las prohibiciones de ningún tipo. Pero no estoy tampoco de acuerdo con la manifestación de protesta que hicieron desde y en nombre del Procés Constituent. Yo estoy en este Procés y me adherirme por otros motivos que no tienen nada que ver con este acontecimiento eclesial de las beatificaciones. No encuentro su lugar en ninguno de los diez puntos del manifiesto.

Pero en este caso me gustaría separar para siempre el concepto de mártir de cualquier connotación política. Sé que esto, cuando se trata de aquellas víctimas de los primeros momentos de julio del 36, es casi imposible. Pero habría que hacer un esfuerzo. No todos los que murieron en aquellos días son mártires. Porque mártir, en mi opinión, es el que da la vida por Cristo y por confesarlo, no por pertenecer a una ideología o a un partido político. Es verdad que tanto confesaban a Cristo los que llamaban al morir: "Viva España, vida Cristo", como algunos de los mártires, que los que llamaban "Viva Cataluña, viva el Cristo", como lo hizo Carrasco y Formiguera, condenado por ambas partes ...

Pero dejando de lado eso, entendí un poco lo que eran aquellos hombres y mujeres que sufrieron una muerte violenta en los primeros días descontrolados, víctimas de un anticlericalismo -que quizá era consecuencia de errores eclesiásticos-c uando me vi metida en la tarea de escribir la vida de una de nuestras "mártires" teresianas, la Beata Mercè Prat. Se trata de una monja joven barcelonesa, con una sensibilidad de artista, ajena a cualquier partido o ideología política, que se ve obligada a salir del Colegio de Ganduxer, como el resto de la comunidad, que se ofrece a llevar en su casa una hermana portuguesa que no tenía adónde ir, y se encuentra con unos milicianos por el camino ... Gracias a la hermana portuguesa que no murió en el fusilamiento, porque se libró del tiro de gracia, conocí todo lo que pasaron y sufrir y con qué valor y amor de Dios lo hicieron. Fue entonces que entendí desde otra vertiente los que llamamos mártires de aquellos desgraciados días que todos queremos olvidar y perdonar. Y, que, por supuesto no justificarán nunca "venganzas" que no "depuraciones" franquistas después del 39.