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En los países europeos, solemos pasar de puntillas sobre temas que afectan a los temas delicados de nuestra historia e identidad. En lo que se refiere a nuestra identidad cristiana, también. Preferimos mirar hacia otra dirección, vestirnos con la laicidad omnipotente parcialmente heredera del Siglo de las Luces y seguir el último libro de autoayuda o de religiosidad oriental para superar el malestar huérfano de sentido y de paz. En España, el peso del nacionalcatolicismo franquista y la herencia Suquía y Rouco Varela ha multiplicado el número ingente de personas que desconfían de la fe católica, porque representa un modelo de cristianismo enfrentado a una cierta razonabilidad democrática, al pluralismo, a la libertad e, incluso, al ejercicio de la libertad de conciencia. El catolicismo español es responsable también del ambiente, en muchos ámbitos de nuestra vida social, cultural y política, de una actitud de rechazo y hostilidad hacia el cristianismo. Asimismo, un número nada despreciable de católicos viven su fe al margen de la la Iglesia, agotados por una institución que no ha sabido leer los signos de los tiempos y dar una respuesta impregnada de esperanza y sentido durante estos últimos treinta años. No hace falta decir que Benedicto XVI y el Papa Francisco representan, especialmente el último, una nueva primavera del catolicismo en el mundo y también, espero, en España. Todo este preámbulo intenta explicar el porqué hay tanta gente, creyente o no, que es tan y tan pasiva y selectiva a la hora de juzgar acontecimientos que afectan a la dignidad de la condición humana y que pueden volcarse en la defensa de unas determinadas causas bien nobles y, en cambio, dejar en el cajón de los recuerdos otras tan importantes e, incluso, más cercanas.

Hoy, sin embargo, quisiera referirme a uno de estos casos: la persecución, no existe otra expresión más descriptiva, de las comunidades cristianas en los países musulmanes. ¿Cómo podemos justificar nuestra pasividad? ¿Cómo podemos cooperar, magnificar e, incluso, identificarnos con países que están avalando el yihadismo islámico y que, según fuentes muy acreditadas, se encuentran detrás de la financiación de grupos asesinos de comunidades mayoritariamente cristianas en Oriente Medio, África y Asia?

Esta semana he leído un magnífico reportaje de José Carlos Rodríquez Soto en Vida Nueva (número 2860, 6 de septiembre 2013) sobre el obispo misionero español comboniano, Juan José Aguirre, en Bangassou (República Centroafricana) titulado "Un profeta en Bangassou". Es un texto que nos muestra la vida y el compromiso de un misionero español, obispo, al frente de una diócesis y con una obra asistencial y educativaa muy notable y que vive en directo la amenaza de las guerrillas islámicas Seleki, decididas a acabar con las comunidades cristianas de la República Centroafricana. En este largo reportaje, denuncia lo siguiente: "No sé si meto la pata, pero tengo la impresión de que muchos grupos yihadistas están financiados por personas a las que, cuando llegan a España, les ponemos una alfombra roja. Tengo la duda de si el mismo talonario de cheques que ha pagado el fichaje de Neymar o la propaganda de la camiseta del Barcelona es la que ha pagado miles de los kalashnikov de estos rebeldes, porque hay paises del Golfo Pérsico que tienen enormes ganas de que África sea ​​completamente musulmana". Este año, el Real Madrid ha cerrado un acuerdo con la compañía FlyEmirates y el Barça con Qatar Airways. Durante estos últimos años, el Barça había firmado un multimillonario contrato con Qatar Foundation.

Qatar es uno de los países más enigmáticos del Golfo. La televisión Al Jazeera, propiedad del gobierno de Qatar, es la emisora ​​más influyente y occidentalizada de las televisiones musulmanas. Su estilo periodístico, similar a la BBC, es en muchos sentidos mejor que el de las televisiones europeas y americanas. Ha sido la ventana central de las llamadas "primaveras árabes". Su emir ha sido el primero que ha dimitido voluntariamente. La Fundación Qatar, dirigida por la mujer del antiguo emir, y madre del actual, Mozah Bint Nasser, es la persona más ansiosamente buscada por las instituciones de las Naciones Unidas y las ONG del mundo para captar financiación para "causas nobles"... Qatar aparecía ante los ojos del mundo como el país musulmán amable y occidentalizado, puerta de entrada de occidente al complejo mundo musulmán e islámico. Pero, bien, todo parece ser un enorme montaje. Ante esta imagen hay otra realidad: según el prestigioso diario londinense The Guardian, existe una inmigración en régimen esclavista, se han conocido las relaciones entre los Hermanos Musulmanes de Egipto y el régimen catarí, la financiación de este país de los grupos yihadistas de Irak y, ayer, a través de las declaraciones del obispo Aguirre, el de las siniestras guerrillas islámicas Seleki. Qatar parece que es uno de los países más importantes –junto con Arabia Saudí– en lo referente a la financiación de grupos yihadistas y a la estrategia del exterminio de las poblaciones cristianas de África y de Oriente Medio. Todo ello, con nuestro silencio y nuestra pasividad.

¿Qué podemos hacer? En primer lugar, informarnos. Conocer la realidad. Mirar con los ojos abiertos lo que nos rodea. En segundo lugar, denunciar. Y en tercer lugar, actuar. En este y en muchos otros eventos. Pero en este caso, ante un gobierno catalán tan amigo del catarí y de un Barça vendido a Qatar, al menos levantar nuestra amortiguada y rasgada voz para denunciarlo.