Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

 

El inicio del año y el principio de curso son momentos que nos inducen de manera natural a los proyectos y a los propósitos. Y mucho más en un contexto repleto de necesidades materiales y espirituales, sea en el ámbito personal o colectivo. La mirada a nuestro alrededor y el conocimiento de lo que ocurre en el mundo suscita un gran clamor que no podemos apaciguar simplemente dando la vuelta o afirmando que resulta imposible para nuestras fuerzas. Cada día que pasa —a pesar del esfuerzo ingente de millones de seres humanos— parece que la justicia, la libertad, la igualdad, etc., se extienden y se diluyen quedando como referentes teóricos.
 
Son muchos los pensadores y, también, muchos los documentos de la Iglesia que fundamentándose en textos del Evangelio —«Conoceréis la verdad y la verdad os hará libres» (Jn 8,32)— nos ha recordado por activa y por pasiva la vinculación entre verdad y libertad. Al mismo tiempo, el número de personas que han dado testimonio de esta praxis no es nada insignificante. Buscar la verdad siempre ha sido una práctica virtuosa, y en el escenario actual parece más urgente que nunca por toda su deriva en relación con la justicia y la libertad. De forma similar al necesario equilibrio en la exigencia derechos-deberes, hay que reconocer que el marco natural contemporáneo —incluido en nuestro entorno personal— frecuentemente nos empuja a preocuparnos mucho más de la libertad personal que de la verdad. Sin duda, potenciar el esfuerzo en conseguir la verdad significa ganar terreno en la libertad.
 
Hoy resulta prioritaria la búsqueda y la proclamación de la verdad en las relaciones internacionales, el ámbito político, la actividad empresarial y económica, la dinámica interpersonal, la propia familia, etc. Pero no podemos ser ingenuos. Esto no siempre resulta fácil ni exento de ciertos riesgos. En efecto, los intereses de caràcter económico, político, estratégico o simplemente personal, las prioridades de un determinado colectivo, el proteccionismo de una ideología, la falsa defensa de un grupo, la pasividad, el miedo, una manera errónea de entender los sentimientos, la falta de información, las apariencias, la manipulación, el engaño puro y duro, etc., son algunos obstáculos de la verdad.
 
Además de la valiosa labor que consiste en el desenmascaramiento de la falsedad, todos y cada uno no podemos olvidar el compromiso personal en la búsqueda de la verdad y su vinculación a la formación de la conciencia personal. Una tarea a la que habitualmente dedicamos pocos esfuerzos. La formación general, la información concreta de los hechos, el conocimiento de la opinión de los expertos, el control de las emociones, la reflexión, el diálogo, el afán por la verdad, etc., son elementos fundamentales en la formación de la conciencia. Esta formación desarrollada a nivel personal, familiar, comunitario y, especialmente, educativo, sin duda, se convertirá en un buen proyecto para el curso.

Publicado en Catalunya Cristiana, núm. 1773, de 15 de septiembre de 2013, p.12.