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Después del viaje a Brasil, la reforma del papa Francisco no tiene marcha atrás. La reparación de la Iglesia que ha de representar su pontificado ya está medio hecha.

En las expectativas del viaje, algunos habían apuntado la posibilidad de que el viaje fuera el momento para hacer un gesto de reconciliación con algunas de las figuras míticas de la Teología de la Liberación, y otros esperaban que el Papa "tropezara" con algunos de los puntos más polémicos de la doctrina católica. Ni una cosa, ni la otra. No se ha perdido en los detalles y ha ido a lo esencial. También se iba diciendo que después de los gestos iniciales del mandato se tenian que ver las decisiones (nombramientos) para saber realmente que se podía esperar de este papa.

Pues ya no es necesario. Sin aportar casi nada nuevo a lo que ya se había oído de este papa, en Brasil con sus palabras ha tejido definitivamente, de manera clara y precisa, y con repercusión mundial, su programa. A partir de ahora queda definitivamente claro que hay muchas cosas que se tendran que hacer de otra forma. Porqué lo ha pedido directament, personalmente, no como un discurso genérico sobre lo que seria bueno que pasará o bonito de ver.

Quizás el sábado fue el día que desplegó su tríptico con más claridad. En la homilía con los obispos y el posterior encuentro con el episcopado del Brasil, con un extraordinario discurso, explicó cómo debe ser la Iglesia. La Iglesia de los discípulos de Emaus, "que se dé cuenta de que las razones por las que hay gente que se aleja, razones que contienen ya en sí mismas también los motivos para un posible retorno", que asegura "no la unanimidad, sino la verdadera unidad en riqueza de la diversidad ", que "no impone ". I decir que "quizás la Iglesia tenía respuestas para la infancia del hombre, pero no para su edad adulta...", es pisar fuerte.

En el encuentro con el líderes brasileños, la aportación de la Iglesia para hacer "una sociedad más justa", siendo voz "de los gritos que claman justicia", en un entorno "beneficiado por la laicidad del Estado" y de "diálogo". Y solidaridad, una de las palabras más repetidas en los discursos.

Y en la vigilia de oración del sábado -junto con el expresivo encuentro con los jóvenes argentinos-, explicando a los jóvenes que significa creer hoy. Un encuentro con Jesús que te debe cambiar la vida. Que es ir a "contracorriente" pero que al mismo tiempo significa ser "constructores de la Iglesia y protagonistas de la historia". Para después, el domingo, invitarles a salir a proclamarlo para hacer "un mundo nuevo".

En realidad, el conjunto de los discursos cierran un círculo. Todos se pueden enlazar en esta mismo sarta. Si parte del mundo, ofrece como salida a sus males la propuesta de Jesús. Si parte de la fe o de la Iglesia, siempre en referencia al amor y el servicio a los demás, al mundo. Un círculo virtuoso, de una Iglesia que es "trascendencia y encarnación". Mateo 25 y las Bienaventuranzas, por lo que "seremos juzgados". Nada tiene sentido sin este diálogo constante de dentro hacia fuera y de fuera de hacia dentro.

Con ello, creo que ha llegado la reforma. Porque todos los "ismos" dentro de la Iglesia han quedado fuera de juego. A los integrismos ya no les queda donde agarrarse. Y los progresismos les exige una seria revisión.

Es como si Francisco nos hubiera montado su 'flash mob'. Todo el mundo puede ir un poco fuera de ritmo y tiene su gracia. No debe ser una coreografía soviética. Casi sólo con las ganas y la alegría es suficiente. Pero si es forzado se nota. Mucho. Y deben bailar todos. Y con ropa cómoda, de salir a la calle. Y quien no baila, queda en evidencia.

Es lo que hacen las palabras sencillas, claras y directas del papa Francisco. Dejar en evidencia los que se llaman tan católicos pero bailan otra cosa (poder, dinero, carrera eclesiástica, vanagloria...) o están petrificados (privilegios, normas, recetas, tópicos, prejuicios ...). Y esto es más revolucionario que reescribir el Código de Derecho Canónico de arriba a abajo.

En Brasil, ha arrancado definitivamente la reforma de Francisco.