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Desde los tiempos de la parábola del buen samaritano, la Iglesia ha estado muy dedicada a la atención sanitaria. La cura del alma también pasa por la cura del cuerpo. Eso se ha ido concretando a lo largo de los siglos en una presencia destacada y pionera en el ámbito hospitalario con un espíritu claramente benéfico. Religiosos, diócesis e incluso parroquias han promovido también la creación de hospitales. Pero en Cataluña, como en la mayoría del mundo occidental, la extensión de la cobertura sanitaria universal y la alta especialización del mundo sanitario obligan a reinventarse.

Es el tema monográfico del último número de Vida Nueva Catalunya del mes de julio. Incluye un extenso reportaje sobre el caso del Hospital de Sant Pau y los problemas derivados del acuerdo firmado con la Generalitat de Cataluña en 1990. Un relato inédito del canónigo Joan E. Jarque, ex patrono del Hospital, ofrece una perspectiva más sobre la implicación de la Iglesia en Sant Pau.

El número lo abre una entrevista con Pascual Piles, provincial de San Juan de Dios de la provincia de Aragón-San Rafael, que aborda la presencia hospitalaria de su Orden y la potenciación de la obra social y benéfica, la atención a la salud mental en prisiones o la participación en proyectos de formación e investigación: “No tenemos por qué tener solamente unos servicios organizados por el Estado. Una iniciativa privada con unos criterios concretos como los que tenemos en San Juan de Dios enriquece el sistema público”.

El suplemento se completa con un artículo de opinión de Sebastià Aupí i Escarrà, coordinador del servicio de Asistencia Católica Hospitalaria del Hospital Dr. Trueta de Girona.

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