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La transición política, tras la muerte de Franco, abrió un horizonte de esperanza, dinamitado poco después por actitudes antidemocráticas, subyacentes a lo largo de la historia española. Resumo los dos grandes errores de la recuperacion democrática.
 
Primero, todos como Cataluña. Al dibujar el futuro del país, con el deseo de superar los problemas del pasado, se optó —con sangre, sudor y lágrimas— por la unidad en la diversidad. Sólo aparentemente y con la única excepción del concierto vasco-navarro. Cataluña en su autonomía se convirtió en el punto de mira. El objetivo era no ser menos que Cataluña para que no fuera distinta de los demás. La solución de Adolfo Suárez fue el «café para todos». Una manera de diluir la especificidad catalana y de entrar en una dinámica de comparaciones que conducen a un callejón sin salida. La predicción de Josep Tarradellas se ha cumplido: «17 autonomías, 17 parlamentos, 17 policías. Eso es jauja. Esto no puede funcionar bien.» Nunca se implantó el sistema, que suponía eliminar estructura estatal para distribuirla en las autonomías. El alto funcionariado, la casta, los poderes fácticos, el franquismo latente, las élites extractivas… han luchado con uñas y dientes para mantener sus privilegios. Nunca han perdido su batalla. Las duplicidades quedaban aseguradas. Cada decisión de Cataluña era criticada por los demás para ser posteriormente imitada a fin de no ser menos. Se han conseguido algunos logros, pero no se ha cambiado la mentalidad de fondo.
 
Segundo, Cataluña como todos. La frase de Wert lo refleja, sólo en parte: «Hay que españolizar a los niños catalanes.» El objetivo trazado contiene una carga en profundidad. Se ha empezado a poner en práctica hace unos años. El último paso lo constituye la reforma de las administraciones. Si la Generalitat habla de construir estructuras de Estado, el Estado piensa en quitarle las competencias de una autonomía relegando la Constitución que tanto invocan. Para ello, terapia de electrochoque: ataque sistemático a la lengua propia (inmersión lingüística, destrucción de la unidad lingüística…), sangría fiscal sin concesiones, aislamiento estructural (trazado del AVE, AENA, cercanías, puertos, autovías…), utilización de los medios de comunicación para envenenar las relaciones ciudadanas, control del poder judicial sometido a la voluntad ejecutiva, burla a la democracia en el tema del Estatuto, boicot comercial, uso del miedo, obstrucción en las elecciones políticas… Nada es espontáneo. Todo obedece a un plan minucioso, ejecutado de manera implacable. Se prefiere una Cataluña en coma que una Cataluña libre. Otro error histórico. Así sólo se genera frustración y se agudiza el independentismo. El dilema bíblico sigue vigente: esclavitud de los faraones o travesía por el desierto hacia la Tierra Prometida. 300 años no han bastado para aniquilar la identidad de Cataluña. Algunos quieren intentarlo de nuevo. A cualquier precio.