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En un magnífico y lúcido artículo de Timothy Garton Ash, profesor de estudios europeos en la Universidad de Oxford y reconocido intelectual, al diario británico The Guardian sobre Erdogan y la revuelta de Turquía, en el que -por cierto- manifestaba un criticismo hacia el líder turco que no acabo de compartir, afirmaba que "en todo el mundo aparece una especie de quinta internacional de jóvenes, bien formados, mayoritariamente urbanos, hombres y mujeres, desde Shangai hasta Teherán y de Teherán a Moscú. Una generación como la del 68, esta vez, sin embargo, en todo el planeta, que tienen algo en común. Esto es posible porque se mueven por todo el mundo, han vivido y se han formado en diferentes lugares del mundo ". (The Guardian, 12 dejunio).

Creo que esta es una buena imagen para entender las manifestaciones pacíficas y masivas que se están produciendo en todo el mundo en los últimos años, desde los movimientos de los "indignados" de hace dos años en la Plaza Cataluña, hasta las recientísimas manifestaciones de Río de Janeiro y Sao Paulo.

Estas actuaciones nos muestran un malestar creciente en todo el mundo. Es otra cara de la globalización. Es la manifestación de una generación apoderada que se encuentra en los márgenes de todo. Una generación muy formada, sin salida ni perspectiva profesional. Una generación, educada ya en la cultura digital, con un acceso poderoso a las redes de comunicación multimedia, más alejada de la manipulación de los medios de comunicación de ​​masas y, por tanto, menos ideologizada y moldeable por los poderes, con una casi nula - y este es un grave problema- memoria histórica. Una generación convencida de su fuerza y ​​que quiere hacerse escuchar. Una generación con un desprecio, vale la pena decir, muy a menudo justificado, de la "casta política", y sin embargo, con capacidad de articulación política.

Puede ser exagerado, pero creo que podríamos encontrarnos, especialmente -pero no sólo- en los países llamados "emergentes", donde existen unas desigualdades muy grandes, a las puertas de eventos emblemáticos, como fue la Comuna de París protagonizada mayoritariamente por miembros de la Primera internacional. Pienso que Garton Ash acierta cuando analiza este movimiento de revuelta que vivimos un poco en todo el mundo y lo identifica en clave generacional, cultural y global. Ante esta situación cada vez más crítica, la tentación de los poderes políticos es de mirar en otra dirección o, en el caso de China y Rusia, fortalecer el autoritarismo. El reto central es la desigualdad y la falta de oportunidades de una generación competente, abocada al abismo por el sistema económico y la incapacidad política.