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La Comisión Nacional de Pastoral de la Iglesia Católica en Honduras, nos convocó a un Congreso sobre "Eclesiología de comunión" realizado del 28 al 30 de mayo. La finalidad del Congreso ha sido la de reforzar el proceso de "renovación de las parroquias" que llevamos haciendo en Honduras desde hace tres años. Naturalmente, la inspiración principal de este proceso nace de la V Conferencia General del Episcopado de América Latina, es decir, del Documento de Aparecida, que es un santuario mariano de Brasil donde se celebró esta Conferencia en el año 2007. Pero con motivo del Año de la Fe, el Congreso se ha centrado también en lo que el Concilio Vaticano II  ha supuesto para la iglesia en América Latina.

Lo que motiva, sin embargo, este comentario sobre una reunión que es normal en la marcha de nuestra Iglesia en Honduras, es el hecho de que, justamente, en los días previos al Congreso, los medios de comunicación airean el problema existente entre el obispo emérito de la Diócesis de Santa Rosa de Copán y el titular que tomó posesión hace unos pocos meses.

Detrás de la discusión sobre unos terrenos que fueron vendidos por el obispo anterior, cuyo dinero no ha encontrado el nuevo titular, hay una división del clero que viene de lejos y que tiene mucho que ver con las posturas políticas, poco medidas, del obispo emérito y de las tradiciones familiares arraigadas en el bipartidismo que desde hace tantas décadas condiciona el país. Esta división se agudizó con el golpe de estado que tuvo lugar en junio de 2009. No es extraño que esta situación de enfrentamientos arrastre los laicos a la desorientación, a la división de opiniones, y, en algún caso, a una crisis de fe.

Resultado: al Congreso sobre la Comunión eclesial, vinieron laicos, sacerdotes, religios y algunos obispos de las nueve diócesis que hay en Honduras, menos de la Diócesis de Santa Rosa de Copán que no se ha hecho presente.

Cuando los medios de comunicación, incluyendo los que pertenecen a la Iglesia, nos transmiten información no manipulada sobre el hecho religioso, en el fondo nos están dando elementos para discernir si las comunidades cristianas hacen o no el camino de la comunión eclesial. Y cuando estos medios están motivados no sólo por la tarea de informar sino también por la de contribuir al crecimiento de la fe, nos ofrecen elementos para ir encontrando los caminos de la que es, a veces, la difícil comunión eclesial.

La gente presente en el Congreso manifestó su dolor por la situación de la Diócesis de Santa Rosa, hemos rezado para que el diálogo y la caridad pastoral fuera el camino de salida de la crisis. Una catequista, con lágrimas en los ojos decía: "Es que los trapos sucios se lavan en casa". Esta Iglesia nuestra que es casa y escuela de comunión, necesita esforzarse mucho más para vivir según la voluntad del Señor Jesús. Porque, al fin y al cabo, sin comunión no puede haber comunidad.