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Asisto al debate político que se ha llevado a cabo en estas últimas semanas sobre la simetría en el déficit. Los beneficiados por una asimetría crónica son los grandes defensores de la simetría. Dos ejemplos variopintos. Uno, Extremadura, representada por un Monago populista y beligerante que afirma: «España no está para comer a la carta, sino todos el mismo menú.» No obstante, Extremadura es una región permanentemente receptora, mientras Baleares aporta permanentemente. ¿Es esto simetría? Una muestra evidente de la defunción de la lógica y de la manipulación del lenguaje. Dos, Euskadi, el caso más flagrante de privilegio asimétrico, ya que goza de concierto económico, se opone a la asimetría. La ingenuidad catalana frente a la política vasca ha sido de proporciones descomunales. Se pueden añadir más ejemplos, como Madrid, que está contra la asimetría, pero se beneficia de ella de manera escandalosa en inversiones del Estado que conjugan la simetría radial del AVE y ahora, en un país que toca fondo, mantiene sus aspiraciones a que su capital sea ciudad olímpica a cualquier precio. Nadie se atreve a disentir. Monti, cuando accedió al Gobierno de Italia, lo primero que hizo fue apear Roma de la carrera olímpica. Hay lujos que en tiempos duros no se pueden permitir. 
 
Rajoy, con la sombra de Aznar perseguidora y amenazante, reclama asimetría en Bruselas en beneficio de España y cuando regresa al Palacio de la Moncloa tiene que desmarcarse de sus barones que quieren imponerle paradójicamente una simetría sin concesiones dentro del propio Estado. Otra muestra evidente de la defunción de la lógica y de la manipulación del lenguaje.
 
Cuando se produce un cambio importante, que es imposible detener, como sucedió con el fin de la dictadura franquista, se obtienen determinadas concesiones que parecen inaugurar una nueva época, un nuevo horizonte, unas nuevas perspectivas. Pero las fuerzas beneficiarias del sistema anterior, la casta, los emporios vuelven a defender sus fueros con uñas y dientes. La Constitución, surgida de una combinación de miedo y esperanza, fue reinterpretada a la baja. Golpe de estado del 23F, LOAPA... El café para todos. La simetría, cuando no es un tributo a la justicia, oculta el odio a la diferencia y se convierte en trampa. La fragmentación intencional del catalán y su persecución sistemática lo pone de manifiesto. Vivimos una época emocional. No hay razonamiento sin contaminar. Otra muestra más de la defunción de la lógica y de la manipulación del lenguaje. 
 
El cristianismo apunta el camino de la solución. Su dogma más importante es la unidad de Dios en la trinidad de personas. Las repercusiones sociales y políticas de este planteamiento abocan a la unidad en la diversidad. Los esquemas dictatoriales no lo digieren porque se nutren del odio a la diferencia, aunque incoherentemente se beneficien de ella.