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Uno de los temas más difíciles y delicados del nuevo mundo que estamos construyendo nos guste o no -en el marco imparable del despliegue de las redes de comunicaciones digitales como columna vertebral de la globalización- es la colisión entre los derechos fundamentales a la libertad y la privacidad por un lado y, por el otro, los valores exigibles a todo estado de derecho, en el ámbito de la seguridad personal, económica o de la "seguridad nacional". Un país que no promueva y mantenga el orden social y cívico, la seguridad y los bienes de las personas y que no proteja a sus ciudadanos ante ataques terroristas -incluidos los cibernéticos- no cumple su contrato con los ciudadanos.

Emerge con mucha fuerza el debate sobre el papel del estado -siempre me refiero a los países democráticos con división de poderes- en la lucha por la seguridad física de las personas y "la seguridad nacional" de una comunidad política concreta. ¿Debemos resignarnos a perder nuestra privacidad y la libertad para asegurar nuestra seguridad? ¿Es justificable, la intervención de miles de correos electrónicos, llamadas de teléfono, y otros aspectos de la privacidad de las personas, para fortalecer nuestra seguridad? ¿Debemos permitir que cualquier contenido pueda circular por Internet en nombre de la libertad de expresión?

Hace pocas semanas, comentaba el concepto de la "sociedad de riesgo" del sociólogo alemán Ulrich Beck. Uno de los factores de esta sociedad "en riesgo", al margen de los aspectos mediambientales, se encuentra en el estallido de las redes de comunicación digital, la digitalización de la información, la genética y la biotecnología. Emergen nuevas amenazas que requieren nuevas respuestas. Amenazas que pueden generarse a miles de kilómetros, pero que, saltándose las anacrónicas fronteras nacionales, pueden incidir de manera decisiva en nuestras comunidades. Libertad y seguridad han de poder entenderse en el nuevo contexto de la globalización. De la misma manera que nos hemos resignado a pasar los pesados ​​controles de los aeropuertos para asegurarnos un vuelo seguro, muy probablemente el nuevo mundo que todos estamos levantando nos obligará a pasar nuevos "controles" y el reto central, en las sociedades democráticas, será precisamente encontrar el equilibrio entre la libertad y las libertades, la privacidad y la seguridad personal y colectiva. En este sentido, el debate que se ha abierto en los Estados Unidos es vital y es necesario, nuevamente, que los checks and balances que se encuentran en el corazón del sistema constitucional estadounidense vuelvan a ayudarnos a encontrar el indispensable equilibrio de cara al nuestro presente.