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(Texto publicado en la Revista de Blanquerna. n. 28)
 
Las demandas de formación de los maestros de hoy están determinadas por la necesidad de dar respuesta colectiva a los retos más importantes de nuestras sociedades del siglo XXI. Vamos a resumir algunos de ellos:
 
En primer lugar nos encontramos con la necesidad de responder a problemas bien inmediatos como son las elevadas e insostenibles tasas de fracaso escolar, reflejadas en los resultados poco deseables de nuestro sistema educativo en estudios comparativos internacionales. Para responder a este reto será necesario impulsar un mayor énfasis en la adquisición de competencias básicas, sobre todo las referidas a la lectura y la escritura y las matemáticas. No se puede, en este mismo sentido, olvidar la atención a la diversidad y el cuidado más especial a los alumnos con problemas de aprendizaje en estos procesos escolares básicos. Es posible, desde la escuela, abordar adecuadamente este reto por el mayor conocimiento existente de los diferentes tipos de déficits y trastornos. Para responder adecuadamente a la atención que requieren estos alumnos será necesario intensificar la colaboración de los maestros con otros profesionales: los logopedas, los psicólogos de la educación, los pedagogos o los psicopedagogos. La finalidad es trabajar, ya desde los primeros años de escolaridad, para prevenir un fracaso escolar que termina manifestándose más adelante.
 
Un segundo grupo de retos para la educación provienen de los cambios acelerados que se dan en la sociedad, por ejemplo los relacionados con el avance de las tecnologías de la comunicación. Debemos tener en cuenta que los niños y niñas de hoy pertenecen a generaciones de nativos digitales. Y las tecnologías de la comunicación tienen grandes posibilidades educativas, pueden facilitar la tarea del maestro y proporcionar situaciones de aprendizaje motivadoras. Otro de los retos de las sociedades de hoy se derivan de su característica multicultural y multilingüe, con el papel del inglés como lengua de comunicación global. Junto al dominio de las dos lenguas cooficiales se debe aprender con naturalidad la tercera lengua, el inglés. Se trata de un reto pedagógico, dada aquí la escasa presencia social del inglés, que contrasta con las necesidades profesionales y personales de dominio lingüístico. Así pues, además de aprender el inglés, será necesario intensificar el aprender también en inglés otras materias (metodología AICLE), para contribuir a esa naturalidad de una escuela multilingüe.
 
Pero, ¿se acaban aquí los retos? ¿Es eso todo? No lo creemos. Hay un reto tal vez de más recorrido que deriva de un cambio de fondo y que podríamos denominar como el paso de una modernidad "tecnocientífica" a una modernidad "humanista". Hace unos años muchos expertos en educación, algunos de ellos importantes, defendían que la escuela sólo tiene que instruir. Esto era muy coherente con la cosmovisión de esta sensibilidad tecnocientífica: enseñanza de contenidos y procedimientos y pragmatismo en las formas de actuar. Pero ¿es suficiente hoy instruir? Con el cambio en la sensibilidad moderna que hemos citado, debemos decir que no lo es, y que la instrucción debe ir acompañada de una educación del ser de la persona, de una educación integral; una educación de todas las dimensiones de la persona, también las dimensiones que pueden pasar más desapercibidas porque tienen un mayor dinamismo inconsciente como son la esfera afectiva y emocional. El ideal de persona de hoy se parece al del humanismo renacentista, una persona con diferentes facultades y que va realizando su potencial.
 
Esta educación integral replantea también el reto de la educación de la dimensión espiritual y religiosa. El objetivo no es nuevo pero sí lo es el reto de cómo abordarlo de acuerdo con las características del mundo de hoy. Esta esfera conlleva tratar lo que en la educación clásica se denominaba como educación de las virtudes. Así, junto a la formación de la inteligencia-intelecto y de las emociones, debe haber también la formación de la voluntad y del carácter, por un desarrollo armónico de todas las facultades humanas.
 
Aterrizando en la formación de los maestros, ya Manjón a principios del siglo XX, dijo que "quien educa a un niño o a treinta Hace un bien; pero aún lo hace mucho mayor quien forma a un Maestro, esto es un educador de cientos y miles de niños que tienen que pasar por su escuela ". Todo un reto para Blanquerna, institución continuadora de la escuela de Magisterio del Sagrado Corazón (fundada en 1948), y heredera de su legado de calidad intelectual, de personalización, y de buen tono en la formación de maestros de Cataluña.