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En el número 86 de Via dei Condotti, tocando a la Piazza di Spagna, está la cafetería más emblemática de Roma, el Antico Caffè Greco. Emblemática no sólo porque tiene 250 años de historia, sino porque el lugar ha sido y es el espacio de inspiración y tertulia de escritores, pintores, intelectuales y políticos. Sería como una especie de Quatre Gats a la romana, pero con una proyección internacional y una trayectoria más consistentes. Por aquí pasaron Giacomo Casanova, Goethe, Keats, Stendhal, Franz Liszt, Búfalo Bill, Ibsen, Andersen, Wagner, Gogol, Leopardi, Orson Wells, Pasolini, Mario Luzi ... En las paredes de la cafetería se encuentran colgados valiosos cuadros y escritos donde se puede contemplar la huella que artistas de todas las épocas han dejado al Caffè Greco a lo largo del tiempo.

Cataluña también ha sido y está presente en él. Las dos figuras catalanas más relevantes que, en los siglos XIX y XX, vivieron la atmósfera de este local y dejaron una huella fueron respectivamente el pintor Mariano Fortuny y el escritor Josep Pla.

Todavía está presente, como decía. Ha sido en el Caffè Greco de Roma donde la semana pasada quedamos con la Vicepresidenta del Gobierno, Joana Ortega, y el Director de Asuntos Religiosos, Xavier Puigdollers, para compartir reflexiones sobre las relaciones entre nuestro país y la Santa Sede. Pudimos conversar en la tranquilidad de la sugestiva sala roja.

El Vaticano vive ahora un momento de transición pero, precisamente por este motivo, no hay que distraerse. El nuestro es un país pequeño cuya identidad es difícil de hacer entender sin una hacienda y un Estado propios. La Santa Sede tiene su peso en el espacio geopolítico internacional y, eclesialmente, también es necesario que desde Roma se capte la idiosincrasia de nuestro pueblo. Por eso es importante que la Generalitat no descuide, sino refuerce aún más, los lazos con el Vaticano. El Gobierno tiene esa voluntad. Esperamos que no pierda tiempo.