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(Ezequiel Blanco, médico) La crisis en que vivimos afecta toda nuestra vida, aunque personalmente no sufro de cerca del paro y sus graves consecuencias. Mi manera de pensar es más crítica que hace unos años, aunque ya lo era antes respecto al neoliberalismo, el consumismo, el invidualisme, el hedonismo y la democracia descafeinada en la que vivimos. Una vez que la crisis se ha declarado, yo he visto confirmadas mis sospechas: todos no éramos tan ricos y unos cuantos estaban enriqueciéndose desmesuradamente, desoyendo el clamor de la mayoría de la humanidad. A nivel de fe no diré que he cambiado mucho, pero sí que ahora estoy encontrando situaciones muy complicadas, tanto en mi trabajo como voluntario de Cáritas como en mi profesión. Me encuentro con un modelo de sociedad que hace difícil la vida de la mayoría de la gente pero especialmente de los más débiles. Todo esto hace que me reafirme en mi vocación de servicio al prójimo, de denuncia de la injusticia, de llevar un estilo de vida austero y valorar más la humildad, la compasión y la esperanza a pesar de la desesperanza reinante.