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(Joana Campoy, maestra) En estos momentos difíciles la fe nos debe ayudar a salir adelante. La esperanza de que Dios está ahora más que nunca a nuestro lado nos debe animar para trabajar juntos para superar estos momentos de crisis. Mi fe me impulsa a salir de mí misma, de mis comodidades, para pensar más en los demás, en todas aquellas personas que, afectadas por la situación de empobrecimiento, carecen incluso de lo más imprescindible. No basta sólo sufrir por ellos, debemos trabajar para ellos y colaborar en la transformación de nuestra sociedad en una sociedad más justa a todos los niveles, pero sobre todo socialmente.

Sólo así podremos vivir verdaderamente la experiencia de Jesús que vivió con los pobres y para los pobres.