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(Paula Carrillo, profesora de religión) La fe me sostiene para no tirar la toalla y caer en el desánimo y el pesimismo del "no hay nada que hacer". Poder compartir las preocupaciones con mi grupo de ACO, y el acompañamiento que hago a un grupo de jóvenes de la JOC, me estimula y hace crecer mi compromiso. Las conversaciones con los voluntarios de Cáritas de la parroquia me han hecho muy cercana la realidad de empobrecimiento y pérdida constante de calidad de vida de muchos vecinos de mi pueblo. La fe personal es importante, pero el ser cristiano tiene sentido sobre todo en comunidad, y estos tiempos difíciles nos lo están demostrando. Más aún, los cristianos estamos aprendiendo que tenemos un lugar junto a otras personas, no creyentes o creyentes de otras religiones, comprometidas igualmente en la transformación de una sociedad y un mundo que antepone el beneficio económico al bienestar de las personas.