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(Oriol Domingo, periodista) Un cristiano debe mejorar siempre la manera de pensar y vivir la fe. Especialmente en situaciones de crisis social y económica como la actual. Toda crisis interpela nuestra conciencia humana y cristiana. Esta interpelación debe servir para purificar la fe y para ir a lo que es sustancial. Lo prioritario y determinante es amar a Dios y los demás, especialmente actuando en solidaridad con los que más sufren. Ambos aspectos se implican mutuamente. ¿Cómo amar a Dios a quien no vemos? Un cristiano ama a Dios en la medida en que siente, piensa y actúa según el espíritu de Jesús de Nazaret. Jesús pasa por el mundo haciendo el bien y desde su intimidad se dirige a Dios como Padre.