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(Sergi d’Assís Gelpí, monje) Se me han pedido unas breves líneas de reflexión sobre la crisis, enmarcadas en el Año de la Fe. Para mí, un reto muy difícil por el que me ha costado encontrar el momento. En primer lugar, porque lo primero que pienso cuando oigo la palabra "crisis" es en la gente que la padece más. Y el sufrimiento de las personas es siempre (o debería ser, al menos por los cristianos) tierra sagrada donde entramos con delicadeza y sin banalizar.

Como sociedad, creo que la crisis nos está obligando a replantear muchas cosas. Algunas, positivamente (aunque sea porque no hay más remedio). Y está estimulando a hacer resurgir valores que quizás habían quedado escondidos en los años de bonanza.

Como cristianos, creo que habría dos compromisos a adquirir durante estos tiempos difíciles:

- Que nuestras palabras y hechos no sean un insulto para la gente que más sufre

- Que nuestras palabras y hechos sean de denuncia profética por una situación que ha sido provocada, y que es contraria a la voluntad de Dios para la humanidad

Y qué tiene que ver esto con la fe? ¡Pues TODO! La fe y las obras no pueden ir desligadas, y deben alimentarse mutuamente. Que la profundización en la fe nos lleve, pues, a una lucha mayor por la justicia. Y que el compromiso vivido desde la fe, lejos de toda acritud, nos lleve a un trabajo terco y esperanzado al mismo tiempo, porque sabemos de quien nos hemos fiado.