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(Josep Lligadas, teólogo y escritor) La fe cristiana es la adhesión a Jesucristo. Es decir, es creer en él y amarlo como camino único de vida, y es tratar de vivir como él ha vivido. Creer en él y amarlo es ponerse plenamente en sus manos, y tenerlo tan en el corazón como sea posible. Y tratar de vivir como él ha vivido es poner la propia vida al servicio de la felicidad de todos, tanto los de más cerca como los de más lejos, y hacerlo con una total confianza en el Dios que es Padre. Y aún falta añadir algo a la brevísima definición con la que he comenzado: que todo esto no se vive individualmente sino en colectivo, en Iglesia.

Pues bien: toda esta explicación tan estructurada suena, ciertamente, muy alejada del drama de la actual crisis económica. Pero no. No queda nada lejos. Poner la propia vida al servicio de la felicidad de todos incluye, clarísimamente, luchar a favor de los que sufren la tragedia de la crisis y contra los que nos han llevado a esta situación y no parecen dispuestos a dejarnos salir de ella. El Año de la Fe también es eso. Si no, me atrevería a decir que sería el año de otra fe, no de la fe cristiana.