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Dos días antes del primero de mayo, como no habrá otros temas para hablar, el grupo parlamentario socialista ha presentado una proposición de ley para eliminar todo rasgo característico de la religión en los actos institucionales que organicen el Parlamento y la Generalitat de Catalunya. El grave problema de país ha aflorado tras descubrir que el Presidente de la Generalitat había convocado a los parlamentarios a la misa en honor de San Jorge (Sant Jordi) que se hace el día 23 de abril en la capilla que lleva el mismo nombre en el Palau de la Generalitat y que preside el arzobispo de Barcelona. El acto religioso, que se ha convertido tradicional en un día donde se venera un santo (un tratamiento que da la Iglesia, para quien no lo sepa) en el marco de una capilla de culto católico que permanece desde hace siglos en el palacio del gobierno catalán, es un "grave atentado", en palabras del portavoz adjunto del grupo del PSC, el amigo Jaume Collboni. También ha acusado al presidente Artur Mas, con esta convocatoria, de "practicar un nacionalcatolicismo vergonzante superado por la historia". Los que sufrieron el nacionalcatolicismo de verdad todavía se ríen.
 
 
A mí, qué quieren que les diga. Desde el punto de vista de mis creencias personales, este es un acto completamente prescindible. Participo en los cultos de mi religión al margen de que nadie me invite y, si la proposición sale adelante, no me afectará en absoluto. Continuaré haciendo lo mismo y santas pascuas, nunca mejor dicho. Y creo que la mayoría de católicos les pasará lo mismo. Pasan olímpicamente de la misa que se haga o se deje de hacer ese día en el Palau de la Generalitat. Es más, seguramente a muchos de católicos que conozco ya les parecerá bien, porque prefieren las misas con gente de su comunidad que con políticos, más en parroquias que en palacios Y tienen tanta aversión al nacionalnalcatolicismo que sólo el hecho de que alguien esté pensando que esto lo es, huirían de ello como del demonio.
 
 
Pero desde el punto de vista de un ciudadano demócrata la cosa ya cambia. Porque la aconfesionalidad del estado (y la Generalitat es Estado, no hay que esperar a ser independiente para considerársele), y hasta su carácter laico, no debe impedir que mostrar con naturalidad el carácter religioso (y actual) de muchas de las tradiciones que nos ha legado la historia, así como muchas de las realidades que se viven en este país. Es más, no sólo no debe impedir de mostrarlo (ya digo, con naturalidad, sin aspavientos), sino me atrevería a decir que a protegerlo. Como la dimensión religiosa es consustancial al hombre ya su libertad de conciencia, su protección lo es precisamente de esta libertad de conciencia, de la apelación (no clandestina) de lo trascendente. Si en un palacio de gobierno árabe, en una sociedad democrática y aconfesional, hubiera un antiguo lugar de culto relativo a una de las festividades musulmanas, ¿sería absurdo que un primer ministro no convocara a sus diputados y consejeros a sumarse? ¿Es que piensan que toda liturgia (el texto del grupo socialista propone prohibir "liturgias"-sic) incluye una fórmula mágica que temen?
 
 
Bueno, pues esto no es tan raro. Muchos alcaldes socialistas se hacen acompañar por la corporación municipal a la misa que se celebra el día del santo patrón. O visitan mezquitas en determinadas fiestas musulmanas, compartiendo el té y pastas y, eso sí, dejándose fotografiar por la prensa. O, el propio presidente Montilla, socialista para más inri, convocaba exactamente con los mismos términos que su sucesor en la misma misa que ahora es fruto de discordia. A algunos çesto no les venía de nuevo. No lo digo porque fueran 'de misa', que algunos había. No. Lo digo porque la Iglesia catalana abrió las puertas a las reuniones clandestinas de CC OO o de la Asamblea de Cataluña, por ejemplo. Y, entre otras muchas cosas, este vínculo de respeto y de reconocimiento a unos y otros es también el que celebramos en una sociedad democrática cuando nos llaman a misa.
 
 
Finalmente, desde el punto de vista de un militante socialista de base, la propuesta la encuentro sencillamente aberrante. ¡Y mira que hay temas para criticar a Artur Mas! Sé perfectamente de dónde nace, me parece que lo explicaba muy bien, hoy, Juan Rubio, director de Vida Nueva, quien-poco sospechoso de conservador-decía que "En Ferraz han descubierto que ir contra la Iglesia es lo que les dará votos, muchos más que meterse, navaja en la boca, a acabar con los más de seis millones de parados". El error de la reciente deriva jacobina del PSOE, y el PSC detrás (nostalgia de la República, anticlericalismo, etc ...) creo que es de carácter estratégico. Le aleja de ser una opción central de país, "regala" a la derecha (en casa, a CiU) su identificación con el catolicismo (pasando por alto la densa tradición de cristianos socialistas), se desvía de los objetivos que -creo - debería tener un partido de izquierdas en plena crisis y vuelve a poner sobre la mesa el fantasma de chivo expiatorio contra todo lo que tiene pinta de religioso, es decir, de católico. Por ejemplo: ¿no hay argumentos de fondo para defender la oposición a la reforma de la ley del aborto que pretende hacer el Gobierno del PP que no sean de acusarles de ir a las órdenes de los obispos? 0, ¿cómo es que no se reclama el IBI de los edificios históricos de Telefónica o la Casa de Alba y sí de los templos católicos?
 
La deriva, pues, es pésima. Y peligrosa. Atenta, esta sí, contra la integridad del ser humano (la dimensión religiosa del cual es puesta bajo sospecha), y asume la aconfesionalidad como si de un nuevo puritanismo laicista se tratara, con la pretensión de eliminar la religión de el espacio público, como estas ligas morales que van contra la 'pornografía'. Pero esto, como digo, es peligroso. El eje religioso, no hace demasiadas décadas, ha matado a gente en Cataluña y está matando no muy lejos de aquí. No bromeemos. Urge, pues, una reflexión seria, respetuosa y moderna sobre la religión desde la izquierda española (y catalana), un fenómeno que se diversificacará y que no desaparecerá, tal vez todo lo contrario. Y que es y estará presente, sobre todo, entre las clases populares, más que entre las clases altas, aunque parezca al revés. Urge. Y dicho esto me pregunto: ¿quién asesora al PSC en materia religiosa, en estos momentos? ¿Un enemigo del PSC?