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(Agustí Panyella, sacerdote) En primer lugar hay que decir que, como sacerdote, el Año de la Fe es todo un gozo inesperado, porque con la comunidad cristiana de Sant Joan Baptista de Vilanova estamos, bajo este motivo, movidos a una renovación espiritual concretada en un tiempo asambleario bajo esta temática, y eso me motiva especialmente. Al mismo tiempo, el marco de la crisis y todas sus concreciones continuas en personas y situaciones, con nombres y apellidos conocidos, me hacen vivir una contradicción interior muy fuerte, porque por una parte intento vivir y predico un contenido de fe muy cerca de Jesucristo, pero constato al mismo tiempo mis comodidades y seguridades que me alejan de la realidad muy dura de la gente que me rodea. Es por eso que quiero iluminar esta intranquilidad que vivo con el don de la fe. El año de la fe debe ser el año de la confianza en Dios, y no tanto en nuestras seguridades y comodidades. Esta suma de situaciones (Año de la Fe y crisis) para mi vida, en este momento, es providencial para no justificarme, sino para dar una respuesta concreta y encarnada a mucha gente que conozco. Al mismo tiempo, también, me siento llamado a ser más profético con mi comunidad, aunque algunos sermones puedan incomodar, como ya me ha pasado. Toda una oportunidad para ser más de Cristo.