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(Jesús Renau, jesuïta) Sí, realmente me afecta. Es como un horizonte que tengo presente de formas diversas y en situaciones variables. No quiero quedar al margen de lo que está pasando. Leo la prensa, veo la televisión, intento estar al corriente y hacerme una idea de lo que pasa, de las causas, los efectos y las posibles salidas. En el barrio donde vivo es patente la crisis y tiene rostros humanos concretos. A veces hasta me conmueve. Es tema de oración, con serenidad, con perseverancia y de ninguna manera ha de convertirse en desánimo o en ansiedades que dificulten la lucha. El año de la fe debe ser sobre todo el año de los testimonios reales, de la coherencia y de las respuestas abiertas, sencillas, comprensibles y respetuosas. Creo que vivimos tiempos muy importantes y que el Espíritu Santo nos mueve a ser creativos, humildes y pacientes sin admitir ningún tipo de desánimo o actitud deprimida. Como decía Juliana de Norwich, mística del siglo XIII "sabemos que todo acabará bien".