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(Jordi Tres, sacerdote) Muchas veces pienso que he alcanzado la cima, que he llegado a un cierto nivel de vida cristiana. Hay maneras de pensar que hacen que los cristianos dejamos de tocar con los pies en el suelo. La convocatoria que hace el Papa del Año de la Fe es un buen motivo para repensar la propia historia. Muy a menudo nos hace falta parar y mirar el camino hecho con serenidad y paz.

En estos tiempos que vivimos, la fe me ayuda a pedir perdón por el tiempo que he vivido de espaldas al dolor del mundo. Si un hermano se rompe, es Cristo quien está roto en él. En el momento de comulgar en la Eucaristía me repito: "No permitas Señor que sea feliz en solitario"; es Él quien me da fuerza para seguir luchando.