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1. ¿Quién o qué es Dios?
 
No ha existido ninguna civilización desde la prehistoria hasta la actualidad que no haya tenido creencias religiosas. Por eso muchos genetistas consideran que si la religión no hubiera sido importante para la supervivencia de la especie humana, des de tiempo inmemorial, hubiera dejado de estar presente entre nosotros. La religión, además, conlleva casi siempre la creencia en diversas divinidades e incluso en una sola. Por otro lado la idea que expresamos en el nombre de Dios está fuertemente arraigada en la consciencia y el pensamiento humanos aunque no se acepte su existencia.
 
Además, parece muy congruente  que a través de la razón humana llegamos a deducir la existencia de una primera Inteligencia responsable de la creación de las cosas que existen o de una primera energía que dotase de movimiento el universo; e incluso la necesidad de un Ser necesario que no fuese efímero y prescindible como lo son todos los seres del mundo incluidas, naturalmente, las personas, y que sostuviera la permanencia de toda esta creación. Ahora bien: ¿una Causa inicial, un primer Motor o un Ser necesario son Dios, propiamente hablando? ¿Dios es sólo esto? ¿Se arrodillaría alguien en adoración ante una Causa increada o un primer Motor inmóvil?
 
De hecho uno de los problemas de nuestra razón es que Dios es indefinible porque no cabe dentro de las categorías humanas. Por eso a lo largo de la historia se ha afirmado que es más fácil decir lo que no es Dios que describir lo que es. Cualquier definición de Dios con la razón resulta siempre inadecuada. Dios, como afirma Santo Tomás, se encuentra siempre más allá de la comprensión humana.
 
 
2. Trascendencia e inmanencia
 
Filósofos y teólogos suelen aplicar estos dos conceptos para representar el misterio de Dios: trascendencia e inmanencia. Trascender quiere decir, etimológicamente, “ultrapasar subiendo”. Que Dios es trascendente significa que está situado o existe más allá de cualquier cosa que podamos pensar, sentir o percibir. En este sentido, Dios es una realidad escondida que ni tan sólo se puede pensar y a la que los humanos no podemos acceder. Cuando afirmamos que Dios es inmanente (etimológicamente: que “vive o está en o dentro de”), queremos decir que éste Dios escondido vive o está presente misteriosamente dentro del mundo a través, de entre otras dimensiones posibles, de la belleza, la bondad o la verdad. Tenemos, pues, vías para intuirlo pero solo con la razón nunca podremos acceder a él. Intentando especular sobre qué o quién es Dios, por profunda que sea la filosofía con la que se intente llegar, está condenada al fracaso. Los humanos no podemos decir prácticamente nada de Alguien o de Algo que sea absolutamente trascendente.
 
 
3. El Dios revelado
 
Pero un Dios absolutamente trascendente puede, por voluntad propia, manifestarse a los humanos y darles a conocer algunos aspectos sobre su esencia y existencia que, de otro modo, nunca podrían conocer. Los cristianos creemos que Dios se ha revelado a través del a Biblia y, de manera especial y definitiva, en la persona de Jesús de Nazaret. Quien me ha visto a mí ha visto al Padre (Jn 14,9). Por tanto hoy, en el siglo XXI, los cristianos  no creemos en un Dios que está escondido en su trascendencia, sino en un Dios que se ha revelado a los humanos a lo largo de la historia del pueblo de Israel y después, a través de Jesús, a todo el mundo. Y sabemos a través de esta revelación que Dios es una Persona que nos ama y nos salva. Este es el Dios en el que creemos los cristianos y que es el fundamento de todo y, por eso, la primera frase de nuestro Credo dice: Creo en Dios Padre, todo poderoso, creador del cielo y de la tierra. Para acercarnos a Dios utilizamos la imagen de “Padre”, pero hay que tener siempre presente que es una imagen. Dios no tiene sexo, no es masculino ni femenino, y por tanto la imagen de “Padre” no lo define. Según como, a través de la experiencia humana, podríamos pensar que Dios es como un “Abuelo” o como una “Madre”. En la misma Biblia el profeta Oseas, cuando habla de un Dios que ama “entrañablemente” utiliza la palabra hebrea rehem que quiere decir “útero”. Así pues, Dios también puede ser considerado como Madre. Todo depende de la experiencia que tengamos de ser amados, ya que eso es lo esencial en la definición del Dios revelado: Dios es amor (Jn 4,7). El Dios revelado no deja de ser trascendente y, por tanto, inaccesible en su comprensión. Por eso nos hacen falta imágenes de Dios –Padre, Madre, Roca, Muralla, etc.– pero nunca debemos confundir las imágenes de Dios con lo que Dios es en realidad. Dios es siempre una palabra abierta.
 
 
4. Credo in unum Deum: creer en Dios es hacer camino
 
En la fórmula latina del Credo  se utiliza un matiz que suele pasar desapercibido en la traducción a las lenguas románicas: “in” con el acusativo latín (unum Deum) indica dirección, camino. Se pierde, pues, el matiz que debería indicar que “creemos yendo hacia Dios”. Según la primera frase del Credo, para el cristiano, “creer en Dios” no es sólo una afirmación intelectual y estática, dicha de repente y para siempre, sino un camino de búsqueda. Creemos en Dios en la medida que vamos buscando, haciendo camino cada día hacia él. El infinito de Dios no es objeto de conocimiento sino de deseo. Creer en Dios “ir hacia Dios” presupone poner en acción a la persona cristiana, en tres direcciones: cumplir los mandamientos (sabemos que conocemos a Dios si guardamos sus mandamientos, 1Jn 2,3), la oración personal y eucarística (sed constantes en la oración: en las vigilias haced acciones de gracias, Col 4,2), y finalmente el servicio a los demás en la historia concreta que nos toca vivir (Si uno es rico y ve que su hermano necesita ayuda, pero no se la da, ¿cómo puede tener amor de Dios en su corazón? Hijos míos, que nuestro amor no sea solamente de palabra, sino que se demuestre con hechos 1Jn 3,17-18).
 
 
5. Los humanos: imagen de Dios
 
El Dios cristiano nos ha revelado desde el inicio de la Biblia que los humanos fuimos hechos a imagen y semejanza suya (Cuando Dios creó al hombre, lo creó semejante a Dios mismo. Hombre y mujer los creó, Gn 1,27). Por tanto en cada hombre y mujer el mundo tenemos una imagen de Dios. Esta es la razón más sublime que podemos encontrar para fundamentar un respeto verdadero y un amor sincero hacia aquellos y aquellas que son de hecho nuestros hermanos –porque invocamos a Dios tal y como lo hizo Jesús con la imagen del Padre– y que son inviolables en sus derechos como personas, no sólo por consideraciones humanísticas por muy bienintencionadas que sean, sino porque para nosotros son una imagen de Dios. Por este motivo también debemos buscar a Dios en nuestro interior ya que somos su imagen.
 
 
6. Creer en el Dios cristiano
 
Creer en el Dios cristiano, pues, es creer en un Dios revelado que ilumina nuestra razón. Es creer en un Dios personal con quien se puede hablar cara a cara. Es creer en un Dios que, bajo las imágenes de Padre y también de Madre, es libertador y salvador. Un Dios que nos ama y nos perdona y que siempre está con nosotros, al cual nosotros también podemos amar y en quien podemos reposar. Precisamente porque nos ama Él el primero, como respuesta a este amor desinteresado y constante, estamos invitados a la oración asidua, a encontrarlo en los sacramentos, especialmente en la eucaristía, y en una constante exigencia moral en la lucha por la justicia y en la denuncia profética de todo abuso contra cualquier hombre o mujer, imágenes de este Dios en quien creemos.
 
 
Puntos de reflexión
 
1.- ¿Cuál es mi imagen de Dios?
2.- ¿Soy asiduo a la oración personal? ¿Y en la plegaria eucarística?
3.- ¿Amo a los demás verdaderamente y con hechos?
4.- ¿Tengo consciencia de que creer en Dios es hacer un camino de profundización en Él?
5.- ¿Soy consciente que Dios se hace presente en cada persona humana, sea cual sea, haga lo que haga o diga lo que diga?
 
 
Citas bíblicas
 
- Dios creador: Gn 1, 1-31; Is 45, 18-19; Sir, 43;
- Dios padre y madre: Os 11, 1-9; Is 46, 3-4; Is 49, 14-16; Mt 6, 9-15
- Dios libertador; Jdt 9,11; Is 51, 12-16; Lc 1, 46 i 54; Is 43, 1-3
- Dios que ama y perdona: Sal 103, 1-8; Sv 11, 21-26; Lc 15, 11-31
- Dios que siempre està contigo: Sal 139, 1-6; 23-24
- Un Dios que se puede amar y en quien se puede reposar: Sal 62, 1-3; 23-24; Sal 63, 1-2; 7-9; Sal 23, 1-5; 6
- El Dios de Jesús: Jn 1, 1-5; 14; 18; Jn 14, 1-9; Lc 10, 21-23; Mt 25, 31-40; Jn 13, 31-35; Jn 15, 10-17; 26-27;
- La sabiduría de Dios: Sv 7, 22-30; I Cr 6, 1-16; 1 Co 1, 26-29
 
 
Bibliografia
 
Armstrong, Karen: En defensa de Dios. Paidos. Barcelona: 2009
Castillo, Jose M.: La humanidad de Dios. Trotta. Madrid: 2011
Duch, Lluís: Un extraño en nuestra casa. Herder. Barcelona: 2007
Rovira Belloso, Josep Maria: Déu el Pare. Claret. Barcelona: 1999.  
 

Barcelona, Enero de 2013. 

 

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