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Las primeras comunidades cristianas fueron herederas de una corriente apocalíptico, que había comenzado con las persecuciones de Antíoco VI. La destrucción del Templo y las persecuciones de Diocleciano reavivó el pensamiento apocalíptico, que originó el último libro del Nuevo Testamento, destinado a alentado a los cristianos en el se nuevas persecuciones. Os presentamos el comentario semanal de las lecturas litúrgicas del teólogo Josep M. Solà.

 

EL ÉMULO DEL EMPERADOR

 

Las crueles persecuciones de la época de Antíoco IV Epífanes (175-164 aC.), las simpatías de los Herodes por la cultura griega, con la política de favorecer la, las crueles y despiadadas represiones de Var a las revueltas que se produjeron a la muerte de Herodes el grande, los intentos de Calígula de entronizar una estatua suya en el temple de Jerusalén hicieron que fuera creciendo, cada vez más intensamente, un pensamiento y ambiente apocalíptico, que llegó a su punto álgido en la revuelta contra Roma en los años 66-70, que acabó con la destrucción del Templo. El pensamiento apocalíptico esperaba una solución definitiva a esta cadena de humillaciones, consistentes en una intervención de Dios, que daría la victoria a Israel y el castigo merecido a los opresores. El pensamiento apocalíptico no era patrimonio de un grupo concreto (zelotes, fariseos, esenios ...) sino que era un sentimiento, una tendencia que empapaba el pensamiento teológico de los diversos grupos.

No es extraño que los primeros cristianos se vieran inmersos en este clima y heredaran las esperanzas mesiánicas animadas por la predicación de un Jesús que proclamaba la inminente llegada del Reino de Dios. Pensaban que en el regreso de Jesús se produciría la definitiva intervención de Dios en la historia. El retorno no se produjo poco después de la resurrección, tal como imaginaban. La espera se hacía larga y las esperanzas flaqueaban. Pero la caída de Jerusalén, con la destrucción del Templo en el año 70 y las persecuciones generales de la época del emperador Domiciano (81-96) recalentar los sentimientos apocalípticos.

Es entonces que surge el último libro del Nuevo Testamento y de la Biblia cristiana. Las persecuciones indicaban que las penurias previas al triunfo del Mesías habían comenzado incluso se encaraba a una próxima fin del mundo y de la historia. El núcleo del Apocalipsis es conocer el plan que deberá llevar el triunfo de Dios y del Mesías. Cuando se leía el libro en las reuniones de las comunidades cristianas, éstasse sentían con fuerza para resistir las persecuciones.

En la primera lectura de hoy (Ap 1,5-8) se leen cuatro versículos del saludo de Juan a las siete iglesias de Asia. La lectura litúrgica de la fiesta de hoy, Cristo Rey, recoge cuatro calificativos dedicados a la persona de Jesús, Protagonista principal e indiscutible de todo el libro: testigo, fiel, primogénito y soberano. Jesús soberano de los reyes de la tierra. Nos fijaremos en este título por la repercusión que tiene en el resto del libro y por ser el más adecuado a la liturgia del día. Esta expresión era atribuida a Yahvé en el Antiguo Testamento, El salmo 95,3 dice que Yahvé es rey de reyes. La resurrección de Jesús hará posible que la realeza antes atribuida a Yahvé le sea también atribuida ahora a él. Así Pablo en la carta a los Corintios (15,20-28) establecerá un vínculo entre resurrección y realeza de Jesús.

Pero en el momento de escribeverse el Apocalipsis el rey era el emperador romano. No sólo rey sino dios. El emperador romano era deificado y adorado. El senado romano había declarado oficialmente dioses Julio César, Augusto, Claudio, Vespasiano y Tito. Domiciano se hacía llamar "Dominus et Deus", señor y dios. El libro del Apocalipsis quería hacer ver a los cristianos que, a pesar de los hechos dela historia fueran en una dirección, la verdad era otra. La bestia símbolo del imperio romano será derrotada y entonces se demostrará que Jesús, el mesías, es el verdadero soberano y rey ​​de toda la tierra. Su soberanía pasa por encima de la soberanía del emperador, el perseguidor, porque Jesús, como dirá repetidamente el libro, es rey de reyes y señor de señores (17,14; 19,16).

 

Festividad de Cristo Rey

25 de Noviembre de 2013