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Este es el texto que apareció en el rotativo leridano La Mañana el sábado día 3 de noviembre, escrito por Josep Miquel Bausset, monje de Montserrat, que aporta fotos poco conocidas del obispo Josep Pont i Gol en el Concilio, con las que ilustramos el artículo que publicamos íntegro a continuación, por gentileza de su autor.

 

El Concilio Vaticano II y Pont i Gol

El pasado 11 de octubre celebrábamos el 50 aniversario de la inauguración del Vaticano II, que llevó una nueva primavera en la Iglesia y que fue un paso del Espíritu. De hecho, el Concilio hizo posible la renovación (el aggiornamento) de la Iglesia y el vigor de las comunidades cristianas.

Las sesiones del Concilio, desde octubre de 1962 a diciembre de 1965, reunieron en Roma los obispos de todo el mundo (más de 2.000) además de teólogos de gran prestigio (Congar, Rahner, de Lubac, Ratzinguer, Küng) en una asamblea guiada primero por el papa Roncalli y luego por el papa Montini, que fue quien clausuró el Vaticano II el 8 de diciembre de 1965.

Durante el Concilio, al obispado de Segorbe-Castellón estaba el amado obispo Josep Pont i Gol, que fue quien aplicó los decretos y documentos del Vaticano II en esta diócesis. Para Pont i Gol, el Vaticano II fue "una mentalidad, una línea a seguir: el Evangelio vivido con la autenticidad que nuestros tiempos reclaman". El obispo José decía: "la Iglesia, renovada en el Concilio, se nos presenta como Iglesia de los pobres y servidora de la paz". Y añadía el obispo Josep Pont: "la Iglesia quiere ir despojándose de las apariencias de poder, de la fuerza, de las riquezas, de la influencia terrena ".

Por otra parte, el obispo José tuvo un papel importante, porque la Lumen gentium reconociera a las minorías nacionales, el derecho a su propia lengua. Y por eso, el obispo Josep fue decisivo, porque el catalán fuera lengua litúrgica, cuando los obispos españoles defendían que ¡sólo podía ser el castellano! Desgraciadamente, en buena parte del País Valenciano y de una manera concreta en la diócesis de Segorbe-Castellón, todavía no se ha hecho realidad la lengua vernácula en la liturgia, ¡después de tantos años!

Por su fidelidad al Evangelio, el obispo Josep Pont tuvo varios conflictos con el franquismo. Como ha recordado padre Miquel Barberá, un "director general de Información", de Madrid, le dijo un día al obispo Josep:" hay una Iglesia que nos gusta y otra que no nos gusta y usted es de la que no nos gusta ". Y es que el obispo Pont defendía la independencia política de la Iglesia y el derecho de nuestra lengua en la liturgia.

Convencido de la importancia que tenía el Concilio en la vida de la Iglesia, el obispo Pont fue uno de los primeros obispos en dar una misión pastoral una laica y en nombrar una religiosa como delegada de religiosos, instauró el diaconado permanente y revitalizó la Provincia Eclesiástica Tarraconense.

Con espíritu sencillo y renovador, el obispo Pont i Gol escribió la Carta pastoral "La Iglesia ante el Concilio", que tuvo un eco internacional. En esta Pastoral, el obispo José exponía la "finalidad principalmente pastoral del Concilio". Por ello, exhortaba a los cristianos del obispado de Sogorb-Castellón a vivir "en estado de Concilio", para que pudieran sentirse "colaboradores, como miembros vivientes de la Iglesia, en la tarea del Santo Concilio". En esta Carta Pastoral de 7 de marzo de 1962, el buen obispo Josep quería que el obispado de Segorbe-Castellón viviera intensamente el Concilio, que ya estaba en las puertas. Y por eso, comentaba el eco que tengué al obispado el anuncio del Vaticano II y el interés del obispo para exponer en esta Pastoral, "algunos puntos generales del Concilio". Así, este texto quería contribuir "a poner a nuestros sacerdotes y fieles diocesanos dentro del ambiente conciliar, con la explicación de los aspectos y circunstancias que nos han parecido principales en el futuro Concilio Vaticano II. En esta Pastoral, el obispo Josep detallaba "los temas del Concilio", uno de los cuales, a juicio del obispo Pont, era "el problema de la lengua". Según el obispo Josep, era necesario avanzar en la introducción de la lengua vernácula y por eso aseguraba que "es muy posible que la cuestión de la introducción de la lengua popular en la liturgia, sea uno de los temas que tocan los principios más elevados sobre la revisión litúrgica, que deben ser establecidos por los Padres en el Concilio Ecuménico próximo ".

Como ha dicho mosén Joan Llidó, cada vez que el obispo Josep Pont volvía a Castellón tras una sesión conciliar, pasaba una semana explicando los debates y las nuevas perspectivas, los sacerdotes y seminaristas del obispado.

También el obispo de Solsona, Vicente Enrique y Tarancón, tuvo un papel importante en el Concilio. Gracias al sobrino de Tarancon, estoy estudiando el archivo del cardenal, que estamos digitalizando en Montserrat. De este archivo quisiera destacar la importancia que Tarancon daba al "colegialidad del episcopado, los seglares, el ecumenismo y la libertad religiosa". Tarancon también destacaba la trascendencia de la reforma litúrgica, que él definía como "expresión del Misterio de Cristo y de la Iglesia", así como la "concelebración, la comunión con el pan y el vino de la Eucaristía y la lengua vernácula como lengua litúrgica ". Para Tarancon era importante el papel de los seglares como Pueblo de Dios, ya que no concebía una Iglesia con cristianos de primera y de segunda. Para el que fue obispo de Solsona, durante buena parte del Concilio, la finalidad del Vaticano II fue "la renovación de la Iglesia". Una Iglesia que no debía estar encerrada en un dogmatismo excluyente, sino en diálogo con el mundo. Y es que como ha dicho el P. Josep M ª Soler, Abad de Montserrat, "Tarancon fue un pionero del Concilio, uno de los obispos europeos que mejor asimiló sus directrices y el mejor portavoz de la renovación de la Iglesia ".

50 años después de la inauguración del Vaticano II, cabe recordar con agradecimiento los papas Juan XXIII y Pablo VI y los obispo Josep Pont i Gol y Vicente Enrique y Tarancón, que con audacia y valentía, hicieron del Concilio un acontecimiento fundamental para la renovación de la Iglesia.

El Concilio fue el inicio de un camino de esperanza y de comunión y un impulso y fermento en la vida eclesial. El Vaticano II fue un camino que abrió la Iglesia al pluralismo y al deiàleg con el mundo. ¡No camino de un uniformismo estéril, ni de posturas de confrontación y de miedos! Por eso, 50 años después, como ha dicho el P. Abad Josep M ª Soler, "tenemos que profundizar los textos del Vaticano II, para hacer posible el diálogo de la Iglesia con el pensamiento contemporáneo".

Me gustaría que en el 50 aniversario del Vaticano II, la Iglesia continuara renovándose a la luz del Evangelio, para ser fiel al Señor Resucitado y para anunciar el Reino a las nuevas generaciones. Y como hace 50 años, me gustaría que también hoy, la Iglesia hiciera suyas "los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo", como empezaba la Constitución Pastoral Gaudium et spes.

 

Josep Miquel Bausset, Monje de Montserrat

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Fotos:

1. Concilio Vaticano II. Ramon Masnou de Vic, Vicente Enrique Tarancón de Solsona y Josep Pont de Segorbe

2. Concilio Vaticano II, oct 63. Ramon Masnou de Vic, Josep Pont de Segorbe y Vicent Enrique Tarancón de Solsona

3. El padre José Miguel Bausset, autor del artículo (Las Provincias)