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A continuación os transcribimos el resumen de la intervención de Hilari Raguer, historiador y monje de Montserrat, sobre Juan XXIII en la Universitat Catalana d'Estiu de Prada de Conflent en la Jornada "50 años del Concilio Vaticano II: ¿y ahora qué?" promovida por Cristianismo en el Siglo XXI, tal y como se ha publicado en el blog de la parroquia de San Ildefonso, en Barcelona.

Juan XXIII, el Papa del Concilio Vaticano II

Nada hacía suponer que la figura del Papa Juan XXIII, nacido Angelo Giuseppe Roncalli, en 1881, en Soto e Monte provincia de Bérgamo, hijo de una humilde familia de campesinos, representara en la historia de la Iglesia el que finalmente ha sido: un Papa que todavía hoy es recordado y venerado por su legado de bondad y de proximidad. Pero no sólo por eso. Juan XXIII entendió que la iglesia necesitaba estar más cerca de una sociedad que cambiaba día a día, y fue consciente de que el lenguaje y las maneras de hacer de los siglos anteriores ya no servían. En definitiva, promovió el aggionarmento que representó en la historia de la Iglesia contemporánea el Concilio Vaticano II.

En los pocos años que duró su pontificado (de 1958 a 1963), Juan XXIII trabajó para lograr esta proximidad a las personas, especialmente las más pobres y las que más sufrían. En dio prueba muy pronto, cuando la primera visita que hizo como Papa fue a la cárcel, visitando los condenados, y también & aacutese; los enfermos de los hospitales.

Muchos años antes, su bonhomía y su afabilidad-dijo Hilari Raguer-ya había dado fruto en su etapa como visitador en Bulgaria y Estambul, y posteriormente como nuncio en París. Raguer reveló lo que el nuncio Roncalli confesó a su buen amigo, el padre Albareda, a raíz de su nombramiento: "Sé por qué me envían a mí. Me llevan a fracasar ". Pero no fue así. "El futuro Juan XXIII-añadió Hilari Raguer-deshacía barreras. En París consiguió pacificar una situación muy grave provocada por numerosos obispos franceses y el nuncio Valeri, que en su lucha encarnizada contra el comunismo, habían apoyado el régimen de Vichy y hasta (en algún caso) al régimen de Hitler. Terminada la Segunda Guerra Mundial, De Gaulle pedía sus cabezas ".

En 1952, Angelo Roncalli fue nombrado patriarca de Venecia y creado cardenal por Pío XII. Allí hizo una labor pastoral que aún hoy es recordada, hasta que el 28 de octubre de 1958, en la undécima votación del cónclave posterior a la muerte de Pío XII, fue elegido Papa. Eligió el nombre de Juan XXIII, en recuerdode su padre y del evangelista Juan.

Pero la oposición de la Curia al Concilio Vaticano II, que encontró Juan XXIII, quedó patente de inmediato: el Osservatore Romano, el diario oficial de la Santa Sede, no destacó en ningún titular la alocución de Juan XXIII a los cardenales (enero 1959), en la que les anunciaba su voluntad de convocar un Concilio. No se habían cumplido aún los 3 meses de su pontificado. Deberían pasar cerca de 3 años hasta que él mismo abriera el Concilio, el 11 de octubre de 1962.

Hilari Raguer destacó dos grandes encíclicas del pontificado de Juan XXIII, la Mater et Magistra, y la Pacem in Terris. También sus dotes diplomáticas, ya ejercidas como nuncio, que emanaban de la gran calidad humana y que lo hacían cercano hasta los más alejados de sus creencias. Juan XXIII recibió en audiencia la hija y el yerno de Kruschev que quedaron cautivados por su bondad. Y recordó el papel de mediador del Papa en la crisis de los misiles de Cuba. "Juan XXIII, a quien la Historia conoce y reconoce como el Papa bueno, no ha obtenido, sin embargo, vergonzosamente, el mismo reconocimiento de la Iglesia" dijo Hilari Raguer al cerrar su intervención.