Voleu rebre les notícies?

Subscriviu-vos al butlletí gratuït

1. Los hechos. El hombre rico pide a Jesús qué debe hacer para obtener la vida eterna. Jesús le recuerda que debe cumplir los mandamientos que contienen la voluntad de Dios. El hombre rico le dice que ya los cumple desde joven. Jesús eleva el nivel de la conversación: "Aún te falta una cosa: ve, vende todo lo que tienes y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo. Después vuelve y ven conmigo". El hombre se marchó todo triste porque era muy rico.
 
2. Un primer comentario. Error muy grande es el hecho de marcharse cabizbajo, sin decirle al Maestro algo parecido a esto: "Señor, no puedo. Ayúdame. Intentaré hacerlo a plazos pero empezando ya ahora mismo a hacer la primera entrega". Qué sé yo lo que tenía que decir y hacer el joven, pero todo menos irse de cerca de Jesús que le ofrecía el tesoro escondido. Porque Jesús le proponía dar un paso decisivo: Jesús le propone la acción de vender y de dar lo obtenido a los pobres. Este paso es un atajo hacia el Reino y hacia la felicidad de hacer lo que Dios quiere.
 
3. Profundización. Muy a menudo, por no decir siempre, el Evangelio es la invitación a ir derechos, haciendo un paso de acción inmediata que evita las infinitas vueltas dadas por las palabras vacías o por las opiniones de los sabios y entendidos. El ejemplo más claro me parece que es el de María que, una vez que dijo su "sí" y pidió a Dios "que se cumplan en mí tus palabras" (Lucas 1, 38), se va "deprisa" a visitar y a ayudar a santa Isabel.
 
Tampoco el buen samaritano se detiene demasiado cuando ve al hombre caído y golpeado: se compadeció, se acercó y le vendó las heridas inmediatamente. Y los que en el capítulo nueve de Lucas quieren seguir a Jesús, son urgidos por el mismo Jesús a no perder más tiempo con las familias sino que se pongan enseguida a caminar hacia el Reino de Dios.
 
Pues bien: el que es "rico" (y no pobre en el espíritu) es incapaz de dejar lo que tiene entre manos -su "ego"- para seguir de inmediato a Jesucristo, como lo hicieron Pedro, Andrés, Santiago y Juan.
 
Me gustaría contar una pequeña parábola que tiene una base muy real: una persona, que trabajaba en una institución del Raval de Barcelona, ​​pide una pequeña cantidad a un hombre rico. Éste, en vez de darle, le espeta: "¿Dónde vas a parar con una cantidad tan pequeña? Haremos un proyecto y procuraremos que esta institución pueda tener diez veces más". ¿Cómo terminó la cosa? No tuvo final: ni la persona que pedía obtuvo la pequeña cantidad que le permitía salir adelante, ni se supo nada más del proyecto más ambicioso.
 
Lástima que el hombre rico no valorase la inmensa Bondad del tesoro escondido de Cristo que le llamaba a seguirle. Cristo es realmente el que es Bueno. Bueno de todas, todas.