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Artículo publicado en la Vanguardia el 31/10/12 (antes de que una entidad financiera hiciese del "seny" parte de su imagen corporativa)

Son tiempos propicios para hacer uso de la cualidad más representativa del carácter catalán: el “seny”. Muchos apelan a él. Pero ¿qué es exactamente?

Empecemos por cosas que se le parecen pero que no son el “seny”: “Seny” no es inhibición o timidez, tampoco es cobardía o retraimiento, que estarían motivados en este caso por el miedo. Tampoco es “seny”, aunque se pueda confundir con él,  posponer las decisiones, no actuar, o dejar que las cosas sigan su curso sin interponerse. “Seny” no es pues inacción, ni tampoco individualismo, o velar solo por los intereses propios. Algunos han definido “seny” como sentido común, como prudencia, como formas educadas, o como tradicionalismo pero no es exactamente ninguna de estas cosas. Entonces ¿qué es?

El “seny” se forjó a través de la forma de vida de generaciones y generaciones en la casa pairal,  un universo local, cercano, cálido, conocido, familiar, y al mismo tiempo áspero y difícil, pero  finalmente asumido y dominado. El “seny” se hizo también de golpes precisos de herramienta del menestral que dominó su oficio, a lo largo del transcurrir de la vida de generaciones. Es pues una sensación de seguridad, de domino, de confianza serena. Es  una forma de ser y estar en el mundo, quizás la expresión más genuina del alma catalana. Se transmite con la integración al país. Lo podríamos definir como la capacidad de hacer en cada momento lo más oportuno, de forma comedida y armónica, y de poner cada cosa en su lugar. Así el “seny” seria la capacidad de ordenar el espacio y  el tiempo con el movimiento preciso. “Seny” podría ser  también el mesurado equilibrio del intelecto, la voluntad y las pasiones que propuso Balmes en “el Criterio”.  

Al “seny” no le gusta, por tanto, ni el desorden, ni la falta de armonía, ni el hacer las cosas a destiempo. Sin embargo el “seny” genuino es esencialmente proactivo y propositivo y afecta tanto a la percepción de la realidad, como a la apreciación de la vida y sus circunstancias. También contribuye a una especial comprensión de los fenómenos y a encontrar las formas más adecuadas de actuación. Ser “assenyat” no está reñido pues, ni mucho menos, con la colaboración con los demás, ni tampoco con los proyectos colectivos cuando  son una prolongación armónica, ordenada y en el momento oportuno del universo personal.

Josep Gallifa

Catedrático. Facultat d’Educación Blanquerna-URL