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Hace unos días, Justicia y Paz hemos tenido la oportunidad de presentar a un grupo de instituciones eclesiales catalanas una opción de ahorro especialmente recomendable para ellas. Se trata de un banco ético de carácter cooperativo, FIARE Banca Ética, integrado por miles de personas e instituciones (fundaciones, asociaciones, cooperativas, entitades católicas, etc) de todo el Estado español, quienes son sus propietarios. Justicia y Paz somos miembros fundadores en Cataluña. FIARE, en alianza con una institución similar italiana, la Banca Popolare Ètica, ofrece al público diferentes productos de ahorro seguros, con todas las garantías y razonablemente remunerados, y dedica el ahorro recogido a favor del financiamiento de entidades de acción social y otras iniciativas solidarias o socialmente responsables.

Decidir donde depositar los ahorros de las entidades de la iglesia no es una cuestión exclusivamente técnica o que tengan que resolver en solitario ecónomos, delegados, administradores o tresoreros. Como toda decisión económica, es también una cuestión cargada de un alto componente moral, ya que toda inversión tiene consecuencias para terceros. Conviene siempre preguntarse: ¿Qué tipo de institución  recibirá nuestro dinero? ¿Qué uso hará de él? ¿Quién saldrá beneficiado o perjudicado por este uso? ¿Qué efectos económicos tiene? ¿Es una inversión coherente con los valores propios de nuestra institución? Y cuando se toman en consideración todos aquellos aspectos, ya se ve que no es correcto preocuparse únicamente por el criterio del rendimiento económico, el grado de liquidez o los efectos fiscales, aunque todas aquellas cuestiones sean importantes.

Si tenemos presente que las instituciones cristianas tienen como fundamento el Evangelio, entonces es evidente que la gestión del dinero, no solamente no es una cuestión menor, sino de la máxima importancia ética. Una cuestión, además, que condiciona la autenticidad de nuestro testimonio cristiano, que podría perder tota credibilidad si aplicamos a la gestión económica únicamente criterios de simple interés propio, com si fuéramos una empresa cualquiera.

Todas estas consideraciones son actualmente de la máxima importancia, después de haber podido observar prácticas bancarias y financieras altamente perjudiciales (generadoras de la inmensa burbuja inmobiliaria) que son, en buena medida, responsables de la dura crisis que padecemos. Prácticas que han hundido bancos y cajas, provocando una enorme (y discutible) despensa pública para rescatarlos y han arruinado a los pequeños ahorradores. Hoy más que nunca, pues, se ha puesto enevidencia que los inversores, además de proteger mejor sus activos, tienen la responsabilidad ética de evitar prácticas inacceptables y, sobre todo, de contribuir con sus fondos a a un desarrollo económico más favorable al bien común.

De aquí la importancia que la Iglesia (obispados, congregaciones, movimientos, fundaciones, parroquias...) sea más cuidadosa, más selectiva y más exigente con las instituciones financieras con las que trabaja. Y con eso también puede hacer un gran servicio a la sociedad. De hecho, cada vez hay una major conciencia y cada vez más instituciones eclesiales invierten todo o parte de sus ahorros (y hasta de su tesorería) en favor de instituciones financieras sin ánimo de lucro que actuan con la máxima transparencia, que excluyen inversiones puramente especulativas o socialmente perjudiciales y que se dedican a la financiación de iniciativas con un impacto social especialmente positivo: la cooperación al desarrollo, la inclusión social, la inserción laboral, la atención a colectivos vulnerables, etc. Actualmente ya existe en Cataluña una amplia oferta de instituciones de este tipo, que llamamos “banca ética”, entre las cuales destaca la ya mencionada FIARE.