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Es tan grande el despropósito respecto al catalán en la escuela en la reforma Wert que hemos conocido estos días que quizás no acabamos de ver el resto de puntos uno de los cuales  la cuestión sempiterna de la clase de religión, tiene todos los números de convertirse en una nueva trincherasera donde desplegar, por un lado, todas las iras anticlericales y, por otra, el temple regresivo con que el gobierno del PP parece querer hacer feliz a su electorado más tradicional. Es posible que, así, sea inviable una reflexión más serena y nos vierta a más años de tira y afloja según quien gane las elecciones que no acabe de resolver el encaje definitivo de los estudios religiosos en la escuela. Ni a España ni en Cataluña, por cierto, donde un intento de aproximación a esta cuestión iniciado durante el primer tripartito quedó en el cajón.
 
 
Bajo mi punto de vista, en cambio, creo que sería muy bueno que, así como seguro que saldrán plataformas para defender el modelo igualitario de inmersión lingüística en Catalunya (que ha sido la base de la unidad civil del pueblo) pueda salir otra para defender que se aborde seriamente la materia escolar de religión. Una plataforma plural, que englobe el mundo educativo, asociaciones religiosas y laicas, etc ..., que vulgui salir de las trincheras y que, puestos a soñar, podría salir con un pacto de mínimos similar al siguiente.
 
 
1. El hecho religioso es materia escolar.
 
 
Los seres humanos nos relacionamos, en todas las culturas, los tiempos y las civilizaciones, con lo sagrado, lo trascendente y sus mecanismos de celebración y transmisión. Comprender esto es básico para entender cómo somos. Nuestro entorno está lleno de muestras de impactos al conjunto de nuestra experiencia (la historia, la cultura, las guerras, la paz, los derechos, las imposiciones, los rituales festivos y de paso, los mitos compartidos, la vida cotidiana de muchos vecinos, la diversidad cultural ...). Ignorarlo porque "pertenece al ámbito íntimo" o "porque las religiones han hecho mucho daño" tendría su parangón en no querer hablar de sexo porque hay gente que se transmite el sida. Al revés, la libertad se amplía con los conocimientos y la actual silencio sobre el hecho religioso hace, pues, seres menos cultos, menos libres y más predispuestos al sectarismo.
 
 
2. Si es materia escolar, debe regirse según la administración educativa.
 
 
La dignidad de la religión como materia pasa por su profesionalización y por su ingreso al mundo académico como lo hacen otras materias de estudio. No bajo un eufemismo, sino con todo el nombre: religión. Con profesionales capaces de impartirla sabiendo que no estan ni evangelizando ni catequizar sino dando herramientas para dotar de conocimientos suficientes en materia de religión a los catalanes. La materia da para mucho, creo que es necesaria tanto en la educación primaria como en la secundaria y es muy probable que el currículo fuera fácilmente pactable.
 
 
3. Gran pacto.
 
 
Un cambio de estas características precisa de un gran pacto, obviamente. En primer lugar entre la derecha y la izquierda, que tendría como objetivo no hacer peligrar la religión como materia pero a la vez desvincularla de su carácter confesional. En segundo lugar, del Estado con la Iglesia católica, aunque sea porque ni podemos ignorar la tradición de este país ni podemos estropear la experiencia. Ni tampoco podemos bloquear esta cuestión por más tiempo en un mapa donde la Iglesia pretende conservar sus derechos (?) contra una sociedad que puede llegar a confundir la enseñanza de la religión como un privilegio eclesial. En tercer lugar, con el mundo académico, las otras confessons religiosas y todo el mundo que pueda aportar algo. No es fácil, pero tampoco es imposible.
 
 
4. Los profesores de religión.
 
 
Una cuestión que parece menor es la situación del profesorado de religión, absolutamente precaria y dependiente. En este soñado acuerdo, propondría un plazo para el actual profesorado pueda acceder a la función pública (en caso de los que ejercen en la escuela pública) o a la empresa aportando la titulación necesaria y luego, en su caso, de un proceso de caapcitación u oposición, como ha sido el caso de otros colectivos en el pasado (pienso en el caso de los maestros de la escuela catalana).
 
 
Hay un unas cuantas referencias para quien quierasaber más. Yo recomiendo la lectura del libro (Escola, religió i poder , de Enric Canet, Jordi Puig y Pere Vilaseca (Viena Edcions, Barcelona, ​​2008), que incluye una serie de entrevistas muy útiles para tratar de aclarar este intríngulis. Está en catalán, correo antes de que las ocurrencias de Wert nos impidan leerlo.