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El último número de Vida Nueva está dedicado a las parroquias. La parroquia, la Iglesia, contribuye a crear una sociedad mejor. Pero los condicionantes son numerosos y muy importantes, entre los que destacan dos. En primer lugar, las cifras y los diferentes estudios apuntan a que la Iglesia ha dejado de ser el centro neurálgico de nuestros barrios o de nuestros pueblos. Ya no es la referencia. Y en segundo, también es menos importante el número de sacerdotes dedicados a las parroquias por la falta de vocaciones.

Y en este contexto, la pregunta a los párrocos es cómo ven la situación de la parroquia hoy, cuál debe ser el modo de estar en la sociedad, en definitiva, cómo debe ser la parroquia del futuro.

Entre ellos, contesta, Josep M. Ferrerons, rector en El Prat del Llobregat (Barcelona) y director del Centre d’Estudis Pastorals, quien acude a Juan XXIII (“debe ser como una fuente en medio de la plaza que mane el agua viva del Evangelio de Jesús”) y a Juan Pablo II (“que sea la casa y la escuela de comunión”).

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