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¿Cuál es el papel de la vida consagrada, en concreto de la vida religiosa, ante la situación política actual de la relación entre Cataluña y España? ¿Tiene una posición propia ante el derecho a decidir? ¿Qué piensa sobre la independencia y la creación de un nuevo estado? Cuando hablo de vida religiosa me refiero a congregaciones e institutos masculinos y femeninos, cuyos miembros profesan votos, viven en comunidad y se comprometen en la misión apostólica de anunciar el evangelio en el campo de la educación, de la sanidad, de la exclusión social, etc.
 
La vida religiosa se caracteriza por su dimensión profética. Con sus luces y sombras, está llamada a anticipar los valores futuros del Reino, entre los cuales está la fraternidad que supera las diferencias de razas, procedencias, lenguas, economías…. Tarea nada fácil. Cada religiosa, cada religioso, puede tener sus opiniones personales sobre el derecho a decidir y sobre la independencia. El respeto a la persona es clave. En esto no hay problema alguno. En cambio, como conjunto, la vida religiosa se encuentra ante un dilema: o se convierte en correa de transmisión de las tensiones sociales (nacionalismo español-nacionalismo catalán, izquierda-derecha, capitalismo-socialismo…) o propone un nuevo espacio de fraternidad donde sea posible el diálogo que busca la confluencia, el entendimiento que supera la crispación, la verdad que no se somete a intereses bastardos, la libertad que no se impone por la fuerza, la convivencia en pluralidad, el amor por encima de los desencuentros. Los miembros de una comunidad religiosa pueden defender posturas muy diversas, pero si no son capaces de ir más allá, hacia un nuevo espacio profético, su vida perderá sentido y se convertirá en correa de transmisión, una más. Hay que poner de manifiesto que el ser humano como tal trasciende, a la vez que lo encarna, el hecho de ser catalán o español y no puede renunciar a la verdad, al amor y a la libertad sin abdicar de sí mismo. El nacionalismo corresponde a un rango inferior, pero muy importante, porque contiene elementos que configuran a la persona y a la sociedad. La fórmula política de estructurarse como estado es el último de los tres niveles expuestos. Materia delicada, pero más opinable y cambiante, como lo demuestran los sucesivos mapas de geografía política en este último siglo, en el que se han multiplicado los estados. 
 
La vida religiosa se preocupa por cada persona, especialmente por las más necesitadas y por las que más sufren, y a la vez se esfuerza por favorecer dentro de sus comunidades y en la misma sociedad la creación de un espacio profético de diálogo, respeto y libertad.