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Hace cuatro años, me encontraba en Chicago durante aquella mágica noche en que Barak Obama fue elegido presidente de los Estados Unidos de América. ¡Parecía imposible! Después de un mandato desastroso -recordemos la guerra de Irak y la crisis bancaria internacional- Estados Unidos comenzaba una etapa diferente: ¡un demócrata afroamericano que representaba la América desgraciada y marginada conseguía llegar a la presidencia! Yo tengo un recuerdo imborrable de aquella noche única que tuve la suerte de vivir.

Han pasado cuatro años. Obama ha sido reelegido este martes, pese a las feroces críticas que ha vivido durante su mandato por parte del Partido Republicano, de su facción del Tea Party, y del canal Fox News. Romney ha reconocido ya su derrota. No obstante la victoria de Obama, parece que los republicanos mantendrán el control de la cámara baja. El Senado continuará en manos demócratas. El hecho de que la cámara baja continúe en manos republicanas obligará a Obama a tener que negociar los grandes temas de país con ellos. El equilibrio de poderes, ya diseñado en la Convención de Filadelfia hace más de doscientos años, ha sido un factor clave en el fortalecimiento del experimento americano y en la continuidad de sus instituciones.

La victoria, por segunda vez de Obama, en mi opinión, es una gran noticia para los americanos y para todos nosotros. Con Obama a la cabeza, el mundo ha vivido una distensión internacional notable. Con Obama a la cabeza, la economía americana ha empezado a rerecuperarse después de encontrarse con un país casi en ruinas. Con Obama a la cabeza, se dará prioridad a un gobierno más sensible y cercano a todos aquellos que se encuentran en los márgenes del feroz individualismo competitivo de la economía americana, que ha supuesto que Estados Unidos sea uno de los países más desiguales del mundo, con más de 46 millones de pobres. Con Obama a la cabeza -y en este último mandato- espero que se favorezca y asiente una gobernanza del mundo que permita establecer mecanismos de regulación internacional en aquellas áreas que han desbordado los estados-nación y, de manera especial, en el campo de las finanzas internacionales.

Honestamente, creo que esta mañana el mundo respira más serenamente. Ahora, necesitamos un presidente Obama más activo en la escena internacional, precisamente para revisar el actual e insuficiente marco de gobernanza internacional y para trabajar por la sostenibilidad -en todas sus dimensiones- del mundo.