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Ramiro Pàmpols es un buen amigo de Agulla. Jesuita, capellán en el mundo obrero, miembro de la HOAC, sindicalista. Jubilado de su vida laboral en las artes gráficas ha marchado a sus setenta y varios años a Honduras, después de una larga estancia en Haití, con terremoto incluido. A trabajar entre la gente sencilla, como siempre. Esta es la carta que ha enviado a sus compañeros jesuitas de Cataluña y que nos ha permitido publicar. ¡Gracias, Ramiro, por tu testimonio y por tu amistad!

Estimados compañeros: hace un mes largo que estoy en Honduras y hoy, fiesta de la Virgen del Rosario, cuando se cumple el 58 aniversario de mis Votos en Raimat, es una buena fecha para comunicarme con vosotros.

Cuando estaba en Haití se me hacía más sencillo escribir una crónica de lo que pasaba a mi alrededor. Aquí vivo un sentimiento diferente: parece que la vida que estoy empezando tiene otro sentido, me implico mucho más que en Haití. Quizás no es lo mismo hacer de Director adjunto de Fe y Alegría en un despacho, que visitar las pequeñas comunidades rurales o semirurales para celebrar la Eucaristía al atardecer. La gente desea con tanta intensidad esta celebración que tú mismo la vives poniendo el alma y el corazón. Y esta vivencia hace que sea muy diferente describir lo que está pasando en el país.

Disculpe, pues, si lo que os comunique tiene un carácter más personal. Si quisiera disimular esto no me quedaría tranquilo.

Hoy por la tarde he vuelto de una reunión con los Delegados de la Palabra que están en una zona donde el pueblo más grande se llama rigor. Ha sido dar un paso más en el trabajo que tendré que hacer: atender a unas 15 pequeñas comunidades bastante alejadas de Tocoa, aparte de otros 15 que están al lado de la ciudad, que me piden que les celebre la Eucaristía, a cada lugar, cada mes.

Lo más delicado es que Rigores está en el epicentro de la conflictividad entre los terratenientes y los campesinos que ya han ocupado tierras, algunos de ellos con armas y ahora están cultivando estas fincas más productivas. Están plantadas de grandes árboles, similares a las palmeras, de cuyos frutos se extrae el aceite de palma muy apreciado para hacer aceite de cocina de baja calidad, mantequilla, margarina y productos de belleza. Esto está provocando disputas entre los mismos campesinos sobre la legitimidad de estas acciones ... y da pie a la intervención de los militares, la policía y los guardas privados, armados por terratenientes que quieren recuperar estos terrenos.

Hasta ahora ha habido unos 60 campesinos asesinados, algunos militares y guardas de las fincas (bien podriamos decir "mercenarios") y algunos periodistas, abogados y defensores de los Derechos Humanos. Casi ninguna muerte ha sido investigada.

No es nada fácil adoptar una postura equilibrada y serena cuando hablan de estos hechos. Está claro que no debemos hacer de jueces sobre estas cuestiones, pero sí intentar iluminarse con una sensibilidad precisa: la de estar al lado de los más débiles y que han sufrido las muertes de quienes los estaban defendiendo. Me pregunto cómo ser capaz de disfrutar de una cierta "autoridad moral" para ayudar a discernir las situaciones que viven y a la vez invitar a una conversión interior que vaya más allá de la casuística que plantean.

Estoy seguro de que toda esta realidad me está invitando a una oración más intensa, un tacto lo más correcto posible y una palabra que no se deje llevar por el miedo cuando sea clara la defensa de las víctimas a partir de criterios evangélicos.

Para trabajar en estas comunidades ya he empezado a usar un jeep Toyota muy viejo y a llevarlo por lugares llenos de baches y piedras y a partir de la próxima semana, quedarme a dormir allí mismo cuando se haga noche y no me anime a conducir a oscuras. Porque un pinchazo en la rueda en estos lugares y de noche, puede ser bastante complicado de resolver, además de peligroso.

Como veis, me estoy introduciendo poco a poco en una realidad desconocida y con una fuerte dosis de violencia. Honduras es en este momento el país más violento del mundo, con una media de 14 muertes violentas cada día, si añadimos el crimen organizado y los sicarios del narcotráfico. Algunos medios de información ya hablan de Honduras como "el país más violento del mundo en estos momentos".

No todo se reduce a esta descripción que os hago, porque las comunidades están formadas por personas de una fe muy grande, que no han perdido un sentimiento que les lleva a manifestarse alegres y comunicativos a pesar de todo y que te acogen con cariño y quieren protegerte.

Hoy hemos ido muchos miembros de nuestra parroquia a Trujillo, la capital del Departamento, a unos 60 km. de Tocoa, para celebrar el 25 Aniversario de la creación de la Diócesis. Hemos celebrado una gran Eucaristía, con ofrendas simbólicas al Obispo franciscano que creó esta diócesis, y una marcha por las calles, para afirmar la fe de los católicos, en un país cada vez más invadido por grupos pentecostales y evangélicos. Seguro que viviré más de cerca la religiosidad popular impregnada de compromiso social, visto el ambiente de injusticia institucional y la conflictividad que se ven obligados a soportar.

Con todo esto, espero salir "vivo" en cuanto a poder dar un poco de apoyo a un pueblo y unas comunidades que bien merecen un acompañamiento fraterno y esperanzado.

Otro día haré alusión a la belleza del país. Tiene un sinfín de tonalidades del verde en los valles y en las montañas. ¡Qué contraste tan dramático con lo que os acabo de decir!

Con cariño, Ramiro