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El periodista Iñaki Gabilondo inauguró el curso de Cristianismo y Justicia el pasado lunes. La iglesia de la c/Caspe se llenó para escuchar sus reflexiones. Probablemente ha sido una de las mejores conferencias que he escuchado sobre la situación actual en estos últimos meses. Con su habitual capacidad de sintetizar e interpretar la situación actual, nos ofreció un relato -que me pareció muy honesto- de la evolución actual del mundo y de los vertiginosos cambios que estamos viviendo.

A raíz de la nacionalización de Lehman Brothers y de la banca americana, Gabilondo señaló que se había entrado en una "gran mascarada", donde la "voracidad del sistema" había roto todas las reglas. El triunfo de la desregulación, del mercado y del capitalismo más salvaje ha comportado que los ciudadanos del mundo se conviertan en "consumidores, competidores y deudores". Los hombres hemos perdido el norte y hemos ido sustituyendo nuestros valores y nuestras relaciones por esta espiral que está sacudiendo nuestras vidas. En un mundo cada vez más global, que cambia a gran velocidad como consecuencia de la ciencia y la tecnología, además de destrozar nuestro hábitat, también "nos estamos convirtiendo -en palabras de Gabilondo- en serrín de nosotros mismos".
 
¿Qué alternativa hay?, se pregunta Gabilondo: "tenemos que modificar el pensamiento dominante". "No podemos seguir pensando que la única alternativa pasa por un crecimiento infinito en un planeta finito". "Además de la libertad y la igualdad, necesitamos despertar el tercer eje de la Revolución Francesa: la fraternidad". Necesitamos volver a una cultura de la "decencia". Necesitamos ir, sobre todo, a lo esencial: la persona humana y su dignidad. Tenemos que cambiar la lógica del pensamiento dominante: tenemos que ir "rumbo al Hombre".
 
Comparto el diagnóstico y el horizonte. Tratamos de volver a centrar nuestra acción y nuestras prioridades al servicio de la dignidad de la persona humana, de todas y cada una. Tengamos la capacidad de reorientar este barco que se está hundiendo por los cuatro costados. Volvamos a centrar la economía, la política, al servicio de la persona humana.
 
Comenzaremos a cambiar precisamente el día que dejaremos de ser menos "consumidores, competidores y deudores."