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Esta semana se ha inaugurado en Roma la exposición “Mediterránea” de Pedro Cano, pintor de reconocida fama mundial, nacido en Blanca (Murcia) en 1944 y "desubicado", como dice él mismo, por medio mundo pero con un pie en Blanca y otro en Anguillara, cerca de Roma. La exposición, con un éxito imponente la tarde de la apertura, tiene como marco el Mercado de Trajano. Un sitio perfecto para una exposicion perfecta, no solo por el contenido sino por el recorrido al que se ve sometido el visitante dentro del Museo del Foro Romano en el mercado del emperador que llevaría el Imperio hasta los confines de la tierra.
 
“Mediterranea” refleja tres islas de nuestro mar: Mallorca, Sicilia y Patmos, así como otras siete ciudades del Mare Nostrum. Pedro Cano capta el Mediterráneo del Gran Imperio y de la Magna Grecia pero va mucho mas allá con una vision pictórica actual de nuestro mar y sus enclaves. Se trata de un homenaje afectivo a los lugares donde Pedro Cano ha pintado a lo largo de más de tres décadas.

 
Pedro Cano es el artista que abre, en los Museos Vaticanos, la sala de las obras de arte contemporaneo, con la pintura "Abrazo del Papa Juan Pablo II con el Cardenal Wyszynski”. Y es uno de los 60 artistas que en ocasion del 60 aniversario de sarcerdocio del papa Benedicto XVI, el año pasado, fue seleccionado para regalar al papa bavarés una obra de arte original. Cano le obsequió con una acuarela donde aparece un hombre de espaldas que va andando con dificultad hasta la Porta Maggiore, un cuadro que pronto también formará parte de la pinacoteca vaticana.
 
El pintor murciano, con el que me unen las raíces maternas, ya que mi abuelo también era de Blanca como Cano, me confia que en un tiempo "donde hay tanta crisis de valores, crece el deseo de relacionarse con la dimension espiritual".
 
Pedro Cano me explica que tuvo una educación religiosa en casa, católica, sencilla, y esta base le ha quedado como un patrimonio para relacionarse con el Espíritu. "Yo soy lo que me enseñaron siendo pequeño y estoy muy contento de ello".
 
En “Mediterránea” no sale la religión en el sentido estricto de la palabra, pero todo arte tiende a elevar el espíritu y el de Pedro Cano lo consigue aún más para todos los que amamos el mar que nos rodea. En un futuro, esta exposición será acogida también en Mallorca.
 

Por otra parte, personalmente, dos cuadros me cautivaron especialmente. Me refiero a los del Joven de Mozia. Mozia o Mothia fue uno de los últimos enclaves fenicios en Sicilia. Es un islote delante de las costas de Marsala, en el extremo occidental de la isla. El Joven de Mozia es posiblemente de manufactura griega, pero no se explica su ubicación en un enclave fenicio, arrasado por Dionisio de Siracusa en el 397 a.C. La estatua es de una sensualidad única. No sabemos si era un dios o bien un auriga. A mí me inspiró un largo relato titulado "L’or i la porpra" (El oro y la púrpura), publicado en la revista de relatos "La Lluna en un Cove" (Editorial El Toll).

Cartagena. Alejandría. Sicilia. Mallorca... De la mano, del trazo de Pedro Cano no hay confines. Todos somos mediterráneos.