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(Albert Farriol) Siempre me había desasosegado un poco, porque no la acababa de entender, la parábola del "dueño de la viña" que a diferentes horas del día va a contratar trabajadores y, al final, les paga a todos el mismo jornal. Los que han trabajado todo el día no parecen estar muy conformes con un denario; el mismo sueldo que los han comenzado a media tarde. Yo tampoco entendía demasiado que fuera un trato justo. "El dueño" les dice: "Amigo, no te hago ninguna injusticia... ¿no puedo hacer lo que quiera con lo mío?, ¿o es que tienes envidia porque yo soy bueno?". José Antonio Pagola, en su libro Jesús, aproximación histórica (Ed. Claret, págs. 167 a 171), nos plantea: ¿Qué tipo de dueño es que contrata jornaleros para trabajar escasamente una hora..., tanta prisa le corre la vendimia? También nos da una información: un denario era el equivalente al gasto diario para la subsistencia de una familia en tiempos de Jesús. A veces un pequeño matiz, una información que no se tiene, puede ser la clave para entender o no un hecho, unas palabras, una situación... Pagola me ha hecho entender que "el dueño de la viña" procura que todos tengan, al menos, un denario al final del día, para cubrir los gastos mínimos de la familia y garantizar su dignidad y la subsistencia. Y ¡esta es la justicia que nos pide que practiquemos! Jesús implantaba el PIRMI hace dos mil años.