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Uno de mis hijos está terminando un máster en derecho en Alemania. La semana pasada, me comentaba, a través de Skype, el tratamiento de los medios alemanes de la crisis española y un cierto menosprecio de ciertos ambientes germánicos sobre el sur de Europa. Me comentó que, en clase, interpeló a su profesor diciéndole: ¿no se dan cuenta que los próximos serán ustedes, que si no hay un cambio de política de Merkel, dentro de diez años ustedes tendrán que emigrar a China?
 
Comparto su crítica de fondo a la actual política económica y financiera de Angela Merkel y los conservadores alemanes. Merkel está desbaratando el proceso de integración económica y política de Europa iniciado en 1951 con el nacimiento de la Comunidad del carbón y el acero, embrión de lo que hoy es la Unión Europea. La República Federal de Alemania de entonces recibió la generosidad política de los ganadores, que permitieron el llamado "milagro alemán". A finales de los 80, y tras el hundimiento de la URSS, Alemania se reunificaría, a pesar de los costes económicos -que repercutirían en toda Europa- y los temores que generaron en su momento, convirtiéndose aún más en la potencia central de Europa. En estos últimos sesenta años, la mayoría de países europeos hemos sido muy generosos con Alemania. Ahora le toca a Alemania.
 
En los últimos sesenta años de proceso europeo, la integración de las economías, bajo un marco jurídico común, ha sido un factor clave. El intercambio de renta de las zonas, los mecanismos de solidaridad entre regiones, el desarrollo de las zonas más pobres, la ampliación de mercados y la moneda única han facilitado una estabilidad política y una cooperación inédita en la historia europea. El futuro de Europa pasa por una mayor integración económica, fiscal y política de los países miembros y, como se ha hecho desde sus inicios, desde la negociación, el diálogo y la protección de las minorías y los sectores más débiles. Ahora, con la moneda única y la realidad de un mundo multipolar, necesitamos más integración, más Europa. El gesto que estamos esperando todos y que creo que detendría la especulación de los mercados -como primera medida- es la creación de los Eurobonos. Esto puede costar millones de Euros a Alemania pero, a cambio, fortalecería el proceso europeo, su estabilidad y sus mecanismos de gobierno.

Si no lo hacen, el proyecto europeo está en peligro, y los alemanes están cavando su propia fosa. Ellos serán los siguientes en vivir una crisis muy fuerte.